Más que una película, un documental del Evangelio

En manos de Pier Paolo Pasolini, The Gospel According to St. Matthew se convierte en algo radicalmente distinto a cualquier cine religioso convencional: una obra austera, incómoda y visualmente bella. Estrenada en 1964, la película no busca adornar la vida de Cristo ni traducirla a códigos sentimentales contemporáneos; la presenta con una crudeza casi física, como si el Evangelio no fuera un texto antiguo, sino un suceso que aún está ocurriendo. Ideal para Semana Santa, sí, pero no desde la devoción automática, sino desde una experiencia estética que interpela.

Lo fascinante es su origen: Pasolini, abiertamente ateo, se sintió inesperadamente atraído por el Evangelio de Mateo tras un congreso en Asís donde cristianos y marxistas discutían la Biblia. Lo eligió por su claridad, por su carácter directo, casi tangible. Inicialmente pensó filmar en Palestina e Israel, pero terminó encontrando una verdad más honesta en los paisajes áridos del sur de Italia. Esa decisión marca el tono de toda la película: menos reconstrucción histórica, más sensación de realidad vivida.

Aquí la distinción es clave: esto no es solo realismo. Pasolini toma elementos del neorrealismo italiano —locaciones reales, rostros no profesionales, luz natural— y los lleva a un punto más íntimo, casi inmersivo. No alcanza el hiperrealismo moderno, pero logra algo igual de potente: la sensación de estar dentro de la escena. La cámara en mano, los encuadres frontales, los primeros planos severos y la iluminación cruda eliminan cualquier distancia. No observas la historia; la habitas.

El casting refuerza esa autenticidad. Enrique Irazoqui, un joven catalán sin formación actoral, se convierte en un Cristo magnético desde la mirada, no desde el artificio. A su alrededor, Pasolini construye un universo profundamente humano, incluso íntimo —incluyendo a su propia madre, Susanna Pasolini, como la Virgen María en su vejez—. Todo se siente real y tangible, casi accidental, como si la película se hubiera encontrado a sí misma mientras ocurría. Y el soundtrack, que mezcla Bach, Mozart y música africana, eleva la experiencia sin volverla solemne: es espiritual, pero también sensorial.

En el contexto de la obra de Pasolini —que incluye títulos tan provocadores como Accattone, Teorema o la perturbadora Salò, or the 120 Days of Sodom— esta película destaca por su pureza sin perder filo. El evangelio según San Mateo no es cómoda, pero tampoco pretende serlo. Es, más bien, una experiencia que exige presencia. Esta Semana Santa, entre lo predecible y lo decorativo, esta película ofrece algo mucho más raro: una fe filmada con verdad, estilo y una elegancia que aún hoy se siente radical.

Me cuentan en los comentarios, qué les parece.

Por Dra. Lena Libertad

La Dra. Lena Libertad es médico y neurocientífico con especialidad en Psiquiatría además de amante del cine y de las artes desde temprana edad

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