El invencible verano de Liliana: cuando una mujer vuelve a decir ¡Basta!

La Gran Sala del Teatro de la Ciudad ovacionó de pie a Cecilia Suárez, quien ofreció una clase magistral de actuación en el arranque del 25 Festival de Teatro Nuevo León.

Cecilia Suárez regresó a las tablas con maestría, elegancia y, sobre todo, con la delicadeza que exige la historia de Liliana.

No he leído el libro de Cristina Rivera Garza, por lo que no puedo hablar de la adaptación teatral desde esa perspectiva. Pero sí puedo hablar de lo que ocurrió anoche en escena: aprendí a conocer a Liliana.

Y conocimos a Liliana no solamente como una víctima de feminicidio.

Conocimos a la mujer que amaba, que tenía un restirador y soñaba con ser arquitecta, pero también con ser marinera para recorrer el mundo. La joven que escuchaba Lucha de gigantes, que leía a Camus y que hizo suyo aquel verso:

“En medio del invierno, aprendí por fin que había en mí un verano invencible.”

Liliana apareció a través de las voces de su hermana, sus padres, su primo, sus amigas y sus compañeras. Cecilia Suárez transita por cada uno de esos personajes y, con cada uno, entrega una pieza del enorme rompecabezas que fue la vida de Liliana.

Y cuando las piezas comienzan a encajar, ocurre algo poderoso: Vemos a Liliana, no solamente su muerte. Su vida. Su personalidad, sus sueños, sus afectos, su manera de estar en el mundo. Cristina Rivera Garza consigue alejarla del lugar donde tantas veces se coloca a las mujeres asesinadas: el de la víctima sin historia propia. Liliana recupera su voz y, desde el escenario, esa voz se vuelve cada vez más fuerte.

¡Basta!

Un basta que anoche retumbó en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad. Liliana murió hace 36 años, en una época en la que la palabra feminicidio ni siquiera formaba parte del lenguaje con el que nombrábamos estos crímenes. Se hablaba de “crimen pasional”, de “cómo iba vestida”, de “esas no son horas para andar fuera de casa”. Hoy sí tenemos otras palabras para nombrar aquello. Y tenemos también la posibilidad de reconocer las señales antes de que sea demasiado tarde: los celos, la manipulación, el control y la violencia no son muestras de amor; son señales de alarma.

Y hay algo que me parece particularmente importante: esta obra no convierte su dolor en un discurso contra los hombres.

En la rueda de prensa, Cecilia Suárez lo expresó con claridad:

“Esto no es contra los hombres, hombres los necesitamos para detener esto entre todos.”

Quizá por eso el Basta de Liliana no se siente como un grito de odio, sino como un llamado. Un llamado a mirar, a escuchar, a reconocer la violencia cuando comienza, a no normalizarla. Y Cecilia Suárez hace algo extraordinario: no interpreta solamente a Liliana; construye el mundo que permite que nosotros la conozcamos.

Su regreso a las tablas es de una enorme precisión. Cambia de personaje, de voz, de energía y de presencia con una naturalidad impresionante, sosteniendo prácticamente por sí misma el peso de un relato que nunca pierde de vista a la mujer detrás del crimen.

Al terminar, el público se puso de pie.

Las palabras que más se escuchaban entre los espectadores fueron: “magistral”, “necesaria”, “me rompió el corazón”. Fue una ovación merecida. Porque anoche no solamente vimos la historia de una muerte. Vimos la vida de Liliana. Y cuando terminó la función, su voz todavía estaba ahí.

¡Basta!

Un eco que salió del escenario, atravesó la Gran Sala y se quedó con nosotros.

Un arranque contundente para la edición número 25 del Festival de Teatro Nuevo León.

Conozcan el resto de la programación aquí: https://lovet.com.es/festival-de-teatro-nuevo-leon-2026/

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