En el marco del Día Mundial del Teatro 2026, la voz del actor y creador Willem Dafoe resuena con una claridad poderosa: el teatro no solo sobrevive, sino que se vuelve más necesario en un mundo que parece alejarse del encuentro humano.
Actual Director Artístico del Departamento de Teatro de la La Biennale di Venezia, Dafoe construye su mensaje desde una vida profundamente arraigada en la escena. Miembro fundador de The Wooster Group, desarrolló durante décadas un lenguaje escénico que desafiaba las convenciones del teatro tradicional, apostando por la experimentación, la resistencia y la búsqueda constante.
Su trayectoria también incluye colaboraciones con figuras clave del teatro contemporáneo como Bob Wilson, Marina Abramović, Richard Foreman y Romeo Castellucci. Aunque su reconocimiento internacional llegó a través del cine —con cuatro nominaciones al Óscar y premios como la Coppa Volpi en el Festival de Cine de Venecia—, su esencia sigue perteneciendo al teatro.
El teatro: un acto de presencia
En su mensaje, Dafoe recuerda los inicios humildes de su carrera, cuando en ocasiones había más actores que espectadores. Aun así, nunca cancelaban. Había una convicción profunda: el teatro ocurre en el encuentro, por pequeño que sea.
Ese aprendizaje se convierte en una de las ideas centrales de su reflexión:
el público, incluso en su mínima expresión, es quien da vida y significado al acto teatral.
Bajo esta lógica, el teatro no puede existir sin presencia. No se trata solo de asistir, sino de compartir un momento irrepetible, donde actores y espectadores construyen juntos una experiencia viva.
Frente a la era digital
Uno de los puntos más contundentes del mensaje aborda el papel de las nuevas tecnologías. Dafoe reconoce su utilidad, pero advierte sobre su capacidad de fragmentar y aislar. Frente a la promesa de conexión digital, el teatro emerge como un espacio radicalmente distinto: un lugar donde el contacto humano es tangible, inmediato y verdadero.
Mientras el internet plantea preguntas, el teatro —dice— genera asombro. Un asombro que nace de la atención, del compromiso y de una comunidad que se forma en tiempo real.
El desafío contemporáneo
En un contexto global marcado por la división y la violencia, Dafoe lanza un llamado claro a los creadores escénicos:
el teatro no debe reducirse a entretenimiento ni convertirse en un objeto institucional estático.
Su verdadera fuerza está en conectar culturas, cuestionar realidades y abrir caminos hacia lo posible.
“El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos.”
Un arte total, un espejo necesario
Para Dafoe, el teatro sigue siendo una de las formas más completas de expresión humana. A través de la palabra, el cuerpo, la estética y el espacio, nos permite entender quiénes somos, qué hemos sido y hacia dónde podríamos ir.
En este Día Mundial del Teatro 2026, su mensaje no es solo una celebración, sino una invitación urgente:
volver a estar presentes.
Porque en un mundo saturado de pantallas, el teatro sigue siendo ese lugar donde, simplemente, nos encontramos.
Texto completo:
“Soy actor, conocido principalmente como actor de cine, pero mis raíces están profundamente arraigadas en el teatro. Fui miembro de The Wooster Group de 1977 a 2003, creando e interpretando piezas originales en The Performing Garage, en Nueva York y realizando giras por todo el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo Castellucci. Actualmente soy el Director Artístico del Departamento de Teatro de La Biennale di Venezia. Este nombramiento, los acontecimientos mundiales y mi deseo de regresar al quehacer teatral han reforzado mi convicción en el poder positivo y único del teatro y su importancia.
En los humildes comienzos de mi etapa en The Wooster Group, la compañía con sede en Nueva York, solíamos recibir muy poco público en algunas de nuestras funciones. La regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos optar por cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros no estaban formados en artes escénicas, sino que provenían de distintas disciplinas que se reunían para hacer teatro; así que, “el espectáculo debe continuar” no era realmente nuestro lema. Sin embargo, sentíamos la obligación de mantener ese encuentro con el público.
Con frecuencia ensayábamos durante el día y por la noche presentábamos el material como trabajo en proceso. A veces dedicábamos años a una obra mientras nos sosteníamos con giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en una pieza podía volverse tedioso para mí, y los ensayos me resultaban a veces extenuantes; pero esas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran estimulantes, incluso cuando el público reducido parecía un juicio contundente sobre el nivel de interés en lo que estábamos haciendo. Eso me hizo comprender que, sin importar cuán pocas personas hubiera, el público, como testigo, le daba al teatro su significado y vida.
Como dice el letrero en una sala de apuestas: “HAY QUE ESTAR PRESENTE PARA GANAR”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que siempre es diferente aunque siga una pauta y diseño, sin duda es la fuerza más evidente del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo.
El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión, pero aparentemente han fragmentado y aislado a las personas. Uso mi computadora a diario, aunque no tengo redes sociales; incluso he buscado mi nombre en internet como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener información. Pero habría que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.
Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro. En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos…
El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos.
Somos animales sociales diseñados biológicamente para vincularnos con el mundo. Cada órgano sensorial es una puerta hacia el encuentro, y a través de ese encuentro logramos una definición más profunda de quiénes somos. A través de la narración, la estética, el lenguaje, el movimiento y la escenografía, el teatro, como forma de arte total, puede hacernos ver lo que fue, lo que es y lo que nuestro mundo podría ser.


