La nueva versión de Blancanieves (2025) dirigida por Marc Webb ha generado una oleada de críticas y controversias, principalmente por su inclinación hacia la llamada ideología woke. Mientras pocos han celebrado el giro moderno, la mayoría la señala por ser “demasiado liberal” en la que la joven parece ser más una líder de izquierda que una princesa, alterando el enfoque de un cuento clásico de manera sacrílega lo cuál es una opinión válida y comprensible.

Existen múltiples perspectivas, y como psiquiatra y profesional en Salud Mental, me gustaría compartir la mía. En lo personal, no me considero partidaria de dicha ideología; sin embargo, en medio de tanto debate, creo que vale la pena detenernos con calma y preguntarnos: ¿por qué es importante hablar de estas historias hoy en día?
La importancia de la deconstrucción de la belleza
La Blancanieves que muchas recordamos era hermosa, delicada su belleza era su mayor virtud. Y aunque esta narrativa pueda parecer dulce o inocente, al repetirse generación tras generación, ha dejado un mensaje silencioso pero poderoso: el valor de una mujer radica en su apariencia. Incluso Rachel Zegler, protagonista de esta nueva versión, fue criticada no por su desempeño como actriz el cuál me parece adecuado y ha sido aceptado por asociaciones actorales, sino por su ascendencia latina y por no ser «suficientemente clara» y aunque comprensible, también el otro lado de la moneda son las niñas latinas que pudieran sentirse identificadas con el personaje porque no siempre se les de un lugar de princesa.
Prejuicios: Antes, durante y después
Antes de ver la película, mis expectativas eran bajas debido a las ediciones que tuvo que sufrir y el retraso en su estreno. Sin embargo, al terminar la función, tuve una sensación de culpa por haber juzgado una historia que, pese a sus tintes woke, también contiene un mensaje profundamente necesario como sociedad.
Las estadísticas actuales nos alertan cada vez más: niñas y adolescentes que luchan con su imagen corporal, que desarrollan trastornos alimenticios como anorexia o bulimia, que padecen dismorfia corporal o sienten presión por someterse a cirugías estéticas a edades muy tempranas, no porque sean vanidosas, sino porque han crecido creyendo que para ser queridas, deben verse de cierta manera.
Aquí es donde radica la importancia de recontar nuestras historias. No se trata de borrar lo clásico, sino de revisar, como sociedad, el daño que algunas narrativas pueden haber causado y de abrir espacio para que niñas que no encajan en los estándares tradicionales puedan verse representadas y valiosas por lo que son, más allá de su apariencia.
Independientemente de la ideología, este cambio es necesario. Sin buscar destruir lo canónico, sino ver la belleza como algo más complejo y completo. Como bien dijo el espejo: la verdadera belleza es la interior.
Querer estar en forma no está mal, cuidarse, mejorar, sentirse cómoda con una misma es válido y saludable. El problema surge cuando ese deseo nace del rechazo, de la autoexigencia o de la creencia de que “si no me veo así, no valgo” por compararnos con estándares de belleza muy elevados desde pequeñas.
Como adultos, nuestra labor es encontrar el equilibrio: aceptarnos con compasión y, al mismo tiempo, crecer desde el amor propio — no desde la culpa ni la comparación. Ese mismo mensaje es el que debemos transmitir a nuestros hijos. Enseñarles que la belleza no es una casilla por llenar, sino una dimensión que convive con muchas otras cualidades: la inteligencia, la bondad, la creatividad, el coraje.

La película, además, ofrece aciertos notables: Gal Gadot maravillosa en su papel como villana aunque también en medio de controversias por su postura pro-Israel en relación al conflicto con Palestina; los personajes tradicionalmente conocidos como «enanos» ahora tienen roles más complejos y humanos pero también estuvieron en medio de señalamientos por parte de la comunidad de gente pequeña; los efectos visuales, tanto en paisajes como en animaciones, resultan visualmente agradables.
Quizá esta nueva Blancanieves no le cante a los ciervos con la misma dulzura, pero si logra sembrar en niñas y niños una semilla de autoestima, poder personal y amor propio —más allá de cualquier ideología— entonces, tal vez, ese sea el verdadero final feliz que necesitamos empezar a escribir juntos.
Aunque se termine la tendencia woke de Disney, creo que como sociedad nos debe de dejar de polarizar y ver la necesidad de dejar este mensaje en los más pequeños.
¿Tú qué opinas?
