El Día Internacional del Hombre, instaurado en 1999, busca visibilizar las problemáticas que enfrentan los hombres en el mundo moderno. Más allá de las opiniones encontradas entre el machismo y el feminismo, el foco debe estar en la construcción de una sociedad equitativa y libre de violencia.
El machismo no es sinónimo de hombre; es un sistema violento y estructural que, lamentablemente, perpetuamos de manera consciente o inconsciente. Un ejemplo claro es cuando una madre prioriza la educación de su hijo varón sobre la de su hija porque “él va a ser el proveedor”. Esta idea puede convertirse en una condena para la niña, que crecerá creyendo que su papel es ser mantenida, lo que, en la práctica, se traduce en aceptar el maltrato o la indiferencia de un hombre con el pretexto de que él sustenta el hogar.
La violencia machista también afecta a los varones. Es un hecho, no una opinión, que los hombres tienen tasas de suicidio más altas que las mujeres y son las principales víctimas de muertes violentas. Esto refleja cómo la masculinidad tóxica daña, en primer lugar, a los mismos hombres. Se les ha enseñado que gestionar sus emociones es contrario a su rol de género, bajo la absurda idea de que “los hombres no lloran”. Pero la realidad es que los varones sienten, sufren y tienen un espectro emocional tan válido como cualquier otro ser humano.
A menudo se dice que los hombres no se quejan o que no organizan marchas para visibilizar sus problemas, pero eso no significa que no los tengan. Existe una presión social que dicta que los hombres deben poder con todo, sin mostrar vulnerabilidad. Sin embargo, las sociedades están cambiando, y con ellas, las exigencias para ambos géneros. Las mujeres han asumido un rol económico más activo, lo que implica también que los hombres participen más en la crianza de los hijos. Pero, sin guías claras y con la influencia descontrolada de las redes sociales, muchos niños crecen a la deriva.
Hoy, en el Día Internacional del Hombre, es crucial generar conciencia sobre estos desafíos. No se trata de una competencia entre géneros, sino de reconocer que la equidad es un beneficio colectivo. La salud mental masculina, la paternidad responsable y la lucha contra los estereotipos de género deben ser parte de la conversación si queremos sociedades más justas para todos.
Hay hombres muy valiosos en mi vida que representan amor, protección, cuidado y bienestar. Uno de ellos es el hombre que me dio crianza, el señor Gustavo Garza Ayala. Nos heredó a sus hijos los valores de honestidad y trabajo arduo. Con su ejemplo, sin necesidad de palabras, nos enseó que lo más valioso en la vida es la familia.
Recuerdo con cariño los días de campo en el Río Ramos, las peras de agua, los paseos en su Chevrolet 57. A pesar de una vida dura, huérfano de padre desde los cinco años, se convirtió desde muy temprano en el principal sostén y cuidador de su madre. Tuve la fortuna de crecer en un hogar donde un hombre ejerció la paternidad de manera presente y responsable. Un hombre de carcajadas fuertes cuando estaba alegre, y de una tristeza contenida que pocas veces dejaba ver. Lo vi mentar madres en el atroz tráfico (Papito, si vieras cómo está más horrible ahora), pero sobre todo sentí el amor que le tuvo a mi madre, el amor hacia mis hermanos.
Un obrero calificado que hizo de cuatro paredes un buen lugar para vivir.
¡Feliz Día del Hombre!
