Cuando vi el cartel de Meta, con su estética heterea y los personajes ataviados en vestuario de fantasía, mi primera asociación fue inevitable: la palabra Meta me remitió al universo digital de Zuckerberg, a redes sociales y avatares virtuales. Sin embargo, al ingresar al Foro 13 y adentrarme en la propuesta escénica dirigida por Gera Manzo y escrita por Perla Saldívar, comprendí que el viaje iba mucho más allá. Meta, en esta puesta, no sólo nombra el más allá de la realidad: lo desdobla, lo interroga y lo representa.
La obra parte del mito del amor contado por Aristófanes en El Banquete de Platón, según el cual los humanos éramos originalmente seres dobles, poderosos y completos, hasta que los dioses, temerosos, nos separaron. Desde entonces, vivimos en busca de esa mitad perdida. Meta retoma esta idea con una danza inicial que es origen y génesis: un ser de dos cuerpos gira en sincronía perfecta… hasta que algo irrumpe y divide. Es entonces cuando los personajes se nombran: ella, UNA; él, DOS. Ella desea quedarse, aferrarse a la seguridad del centro; él necesita explorar los bordes del universo. Al separarse, comienza el viaje.

En este tránsito dimensional, UNA es guiada por TRES —una figura que funciona como puente entre mundos— y la historia se transforma, muta de planos, cambia de reglas. Lo que parecía una travesía cósmica se convierte en una narrativa medieval, donde UNO es una hechicera, DOS un escritor, y TRES un inquisidor que busca herejías. Pero cuando el relato alcanza su clímax, una claqueta nos despierta: todo era una película en rodaje. La siguiente capa nos lleva al ensayo de una obra de teatro… y así, Meta se convierte en un dispositivo narrativo de muñeca rusa, donde cada realidad contiene otra y el teatro se mira a sí mismo.
Este juego de espejos —metateatro, metaficción, metarrelato— exige del espectador atención y entrega. A veces, las transiciones entre mundos no son del todo fluidas, y algunos momentos pueden resultar confusos. Sin embargo, la propuesta es ambiciosa y valiente. El trabajo actoral destaca por la entrega: Perla Saldívar, también dramaturga, encarna a UNA con una presencia etérea y contenida; Albar Ramírez da vida a DOS con sensibilidad, aunque entre ambos falta una química que justifique el largo viaje en busca del otro. Carlos Montes de Oca, como TRES, aporta frescura, comicidad y ritmo, convirtiéndose en un ancla emocional y narrativa para el montaje.

Meta es muchas cosas a la vez: un cuento filosófico, una crítica al ego creativo, un ensayo sobre el lenguaje del amor y la creación, una meditación sobre el tiempo, el arte y la pérdida. Y aunque no todas sus capas se ensamblan con precisión, hay algo profundamente conmovedor en el corazón de esta obra: la idea de que el amor verdadero —el amor que los dioses temieron— puede aún cruzar dimensiones para intentar volver a ser uno.
Meta se presenta los lunes de junio en Foro 13. Es una espléndida manera de comenzar la semana: con preguntas, con belleza, y con la memoria de que alguna vez fuimos completos… y que seguimos buscándonos.

