Por: Marisa Lovet
En el corazón de Barrio Antiguo, justo en Allende 1223, se encuentra uno de los espacios culturales más entrañables de Monterrey: el Espacio Cultural Nejayote, dirigido por la maestra Dolores Martínez. Un rincón donde el teatro sucede con una intensidad que no cabe en grandes escenarios, y donde cada palabra, cada mirada y cada silencio cobran una cercanía que hiere —para bien—. En este refugio, Juan Pablo Cibrian presenta Acreedores, de August Strindberg, una propuesta cargada de tensión emocional, manipulación psicológica y deseo sin redención.
La historia gira en torno a tres personajes: Tekla (Annie Sánchez), una mujer libre, compleja, que en su segundo matrimonio con Adolfo (Albar Ramírez) ha encontrado, o cree haber encontrado, una relación más horizontal y menos opresiva que con su primer esposo, Gustav (Gerardo Villarreal). Sin embargo, la figura del primer marido —elegante, manipulador, calculador— reaparece como una sombra siniestra, dispuesto a cobrar viejas deudas.
Strindberg escribió Acreedores en 1888, en el marco de una profunda crisis personal. El resultado es una obra cargada de filo, una tragedia naturalista que disecciona la intimidad de las relaciones humanas con bisturí afilado. Cibrian traslada esa asfixia emocional a un montaje que aprovecha el espacio al cien por ciento: el espectador se convierte en cómplice, testigo incómodo de los juegos de poder, de los celos, de los traumas y del duelo constante entre los personajes.
Adolfo, convencido por Gustav de abandonar la pintura por la escultura, se tambalea entre la dependencia emocional y una masculinidad fracturada. Tekla, vivaz y encantadora, busca reafirmarse en la mirada del otro. Y Gustav, maestro de la palabra, ejecuta su venganza como un coreógrafo del caos. La tensión crece hasta el estallido final: el cuerpo colapsa cuando la mente ya no puede más.
La puesta logra un equilibrio preciso entre el texto clásico y una lectura contemporánea de sus temas: las relaciones tóxicas, el control emocional, la dependencia afectiva. El espacio reducido multiplica la potencia de las actuaciones, que se sienten tan cerca que casi se pueden tocar. Es imposible salir indiferente.
Acreedores tendrá funciones el 30 y 31 de mayo a las 8:30 pm, y el 1 de junio a las 6:00 pm. No se la pierdan: es una obra que confronta, incomoda y nos recuerda que el amor, cuando se convierte en deuda, deja de ser amor para convertirse en guerra.


