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La noche del 11 de mayo, Monterrey vivió una velada cinematográfica distinta, brillante y reveladora. La Sala 1 de la Cineteca Nuevo León fue el epicentro de la gala inaugural de Saudi Film Nights, una iniciativa presentada por la Comisión de Cine Saudí para acercar al público mexicano al floreciente cine del Reino.

La alfombra roja abrió paso a una concurrencia elegante y entusiasta, compuesta por críticos, artistas, diplomáticos, cineastas y amantes del cine independiente que, copa en mano, celebraban el encuentro entre dos culturas a través de la pantalla. El coctel previo fue un punto de reunión cálido, donde los idiomas se cruzaron con curiosidad y admiración, y donde el cine saudita encontró eco en una ciudad que, desde hace años, respira arte y diversidad.

La función principal incluyó la proyección del largometraje Holes de Abdulmohsen Aldhabaan y el cortometraje Fishbowl (حوض) dirigido por Reema Almajid. Fue esta última quien, junto a Oscar Uriel ofrecieron un Q&A al final de la proyección, compartiendo con el público el profundo significado detrás de su obra.

Fishbowl cuenta la historia de Alia, una mujer que decide romper con las expectativas de su entorno para perseguir su sueño de ser guionista. En tan solo 15 minutos, Almajid teje una narrativa íntima, valiente y poderosa que habla del deseo, la represión y el poder de contar la propia historia. La respuesta de la audiencia fue conmovedora: silencio profundo durante los créditos y un aplauso largo, agradecido, al encenderse las luces.

Con Saudi Film Nights, Arabia Saudita abre una ventana única a su identidad contemporánea. Las historias presentadas —también proyectadas en Guadalajara y Ciudad de México— forman parte de un esfuerzo mayor por posicionar su cine en el mapa global. Y Monterrey respondió con sala llena y un genuino interés por conocer más.

Más allá del glamour y la diplomacia cultural, la gala fue una celebración del cine como puente entre mundos. En cada encuadre proyectado, en cada mirada compartida entre los asistentes, se sintió la promesa de que las historias, contadas con verdad, no necesitan traducción.

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