En su 29ª edición, el Tour de Cine Francés sorprende con una película que combina ternura, humor y un toque de irreverencia: Un toque de amor (Une Pointe D’ Amour, 2025), dirigida por Maël Piriou. Este filme francés se instala en esa línea delicada donde el drama y la comedia se entrelazan, proponiendo una reflexión luminosa: incluso en los peores momentos, se puede elegir la felicidad.

La trama gira en torno a Mélanie (Julia Piaton), una joven abogada que, al ser diagnosticada con una enfermedad incurable del corazón, decide dejar atrás la rutina y embarcarse en una aventura insólita. Su plan es tan inesperado como liberador: viajar a España con su mejor amigo Benjamin (Grégory Gadebois), un hombre solitario que también usa silla de ruedas, y con Lucas (Quentin Dolmaire), un exconvicto entrañable que se convierte en su conductor cuidador. El vehículo: una camioneta destartalada que se transforma en refugio, escenario de peleas, confesiones y risas. El destino: un burdel que atiende a personas con discapacidad, lugar que Mélanie descubre en internet y que representa para ella un gesto radical de libertad sexual.

En este viaje, marcado por la enfermedad y la incertidumbre, la película evita caer en el melodrama solemne. Al contrario, el humor se convierte en una herramienta vital, un recurso para abrazar la adversidad y recordar que el deseo y el placer no son privilegios de los cuerpos perfectos. Hay una profunda ternura en ver a Mélanie y Benjamin, ambos en silla de ruedas, abrirse a nuevas experiencias y cuestionar la idea de que la discapacidad define la totalidad de sus vidas.

El guion se enriquece con detalles significativos. Uno de los momentos más memorables ocurre cuando Mélanie, a través de una aplicación de citas, conoce a Raphael y decide buscarlo, lo que provoca el escepticismo de Lucas. Él, con una lucidez poética, le dice: “las redes sociales están matando los jardines secretos”, metáfora que recuerda la pérdida del misterio en un mundo donde lo virtual ha reemplazado a la presencia física. Este tipo de frases, entre la ironía y la nostalgia, elevan la película más allá de la simple road movie.

Visualmente, la cinta apuesta por la ligereza: planos limpios, una narrativa ágil y una paleta que acompaña el tono esperanzador del relato. Sin embargo, donde realmente brilla es en la dinámica de los tres protagonistas, que logran transmitir la fuerza de la amistad y el valor de las pequeñas alegrías compartidas. Si bien algunas escenas subrayan con trazo grueso sus moralejas, la película logra sostenerse gracias a su naturalidad y a la química entre el trío.

Un toque de amor se suma así a esa corriente de cine que no esconde la fragilidad del cuerpo ni el dolor de la enfermedad, pero que insiste en recordarnos que vivir también es reír, desear y atreverse. Es una tragicomedia luminosa porque se atreve a poner en pantalla algo poco común: protagonistas en silla de ruedas que no están definidos por la lástima, sino por su deseo de vivir a contracorriente.

En el panorama del Tour de Cine Francés, esta película ocupa un lugar especial: no solo conmueve, también desafía, invitándonos a cuestionar la forma en que vemos la discapacidad, la amistad y el amor. Porque, al final, lo que plantea es simple y al mismo tiempo profundo: la felicidad es una elección posible, incluso cuando todo parece perdido.

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