Tron: Ares

Título original: Tron: Ares
País: Estados Unidos
Año: 2025
Dirección: Joachim Rønning
Guion: Jesse Wigutow, Jack Thorne
Producción: Walt Disney Pictures
Reparto: Jared Leto, Greta Lee, Evan Peters, Jodie Turner-Smith, Jeff Bridges
Duración: 132 minutos
Género: Ciencia ficción, acción, cyberpunk

En un futuro donde la línea entre lo digital y lo humano se borra, una científica intenta completar el código que puede traer a la vida a los entes virtuales —pero su creación, Ares, despierta con un propósito propio: redefinir quién merece existir en el mundo real.

La tercera entrega de Tron promete actualizar la saga para la era de la inteligencia artificial. Y lo logra, aunque no necesariamente en el sentido más inspirador: Tron: Ares es un espejo brillante del entretenimiento contemporáneo —perfectamente renderizado, emocionalmente plano, y tan consciente de su legado que termina atrapado en él.

Tron (1982) fue una chispa eléctrica en la oscuridad: una mezcla de animación rudimentaria y sueños digitales que, con el trazo de Syd Mead y Moebius, convirtió el ciberespacio en arte pop.

Tron: Legacy (2010) regresó con neones y beats electrónicos, más deslumbrante que emotiva, como un videojuego hermoso sin joystick. Quince años después.

Tron: Ares no revoluciona el mito: simplemente reinicia el sistema, puliendo el código de una idea que alguna vez soñó con libertad.

Joachim Rønning —el director noruego que Disney ha convertido en su arquitecto de franquicias— orquesta el espectáculo con precisión industrial. Todo luce caro y aerodinámico: trajes brillantes, motocicletas que podrían salir de un desfile de moda futurista y una banda sonora abrasiva de Nine Inch Nails que pulsa como el corazón sintético del film. Greta Lee, en modo heroína de acción, ofrece carisma y vulnerabilidad; Jared Leto, como Ares, compone una figura gélida, diseñada para fascinar y repeler a la vez.

El conflicto, sin embargo, se siente programado: una CEO (Lee) intenta completar un código que da cuerpo real a entidades digitales, mientras un rival (Evan Peters) busca militarizar el invento. El resultado es un choque entre idealismo y poder corporativo, una fábula sobre IA que quiere hablar de ética y termina atrapada en el algoritmo del espectáculo.

Hay guiños constantes a la nostalgia —el regreso de Jeff Bridges, los laberintos de luz, la sensación de estar dentro de una máquina soñada— pero ninguna de esas chispas alcanza a encender emoción genuina. Rønning filma con destreza, pero no con urgencia. Su Tron es el de una era donde las ideas viajan al ritmo del marketing.

El problema no es de forma, sino de fondo. Tron: Ares critica el exceso tecnológico mientras lo glorifica; teme a la IA, pero la celebra como fetiche visual. El resultado es una película elegante y vacía, más interesada en su superficie que en su alma.

Tron: Ares no es una caída del sistema, pero sí una actualización sin mejora: una ventana reluciente hacia un universo que alguna vez soñó con la libertad digital, y que hoy se limita a reproducir su propio código.

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