Hamnet (2025, Estados Unidos / Reino Unido, 126 min) Dir. Choé Zhao

Hay películas que no se observan: se experimentan. Hamnet, dirigida con una delicadeza casi táctil, pertenece a esa rara estirpe capaz de transformar cada encuadre en una pieza de arte autónoma. Desde el parto de Agnes en el bosque —imagen de una fuerza primigenia— el filme establece su territorio: la vida como un tejido frágil donde lo sagrado y lo cotidiano conviven sin jerarquías.

La puesta en escena renuncia al énfasis melodramático y elige la contemplación. La cámara se detiene en los detalles mínimos: el vuelo del halcón, la respiración del bosque, la madera áspera de la casa, la luz que roza los rostros. Ese naturalismo sensorial prepara el golpe posterior. Cuando la hija menor nace sin llorar y, más tarde, Hamnet muere, el espectador ya ha sido conducido al corazón del duelo.

Uno de los mayores aciertos del filme es su mirada dual sobre la pérdida. Agnes encarna un dolor corporal, inmediato, casi telúrico; William, en cambio, parece habitar un luto silencioso, mental, incomprensible para quienes lo rodean. La tensión entre ambos evita cualquier lectura simplista: no hay una forma correcta de sufrir, solo caminos distintos para sobrevivir a la ausencia.

El clímax ocurre cuando Agnes presencia la representación de Hamlet. Su indignación inicial —el nombre de su hijo convertido en espectáculo— se transforma poco a poco en revelación. Entendemos entonces que la obra no es un acto de traición, sino un intento desesperado de nombrar lo innombrable. Cada verso adquiere otra dimensión: el “Ser o no ser” deja de ser pregunta filosófica para volverse confesión íntima de un padre roto.

Más que un drama de época o una biopic, Hamnet es una ficción dramática, es una reflexión sobre el origen del arte: la necesidad de volver inmortal aquello que la vida arrebata. El filme logra la proeza de hablarnos desde el dolor para conducirnos a lo sublime, recordándonos que el teatro —y el cine— nacieron para dar forma a lo que no puede decirse de otro modo.

Salí del cine con la certeza de haber presenciado algo más que una película: un acto de amor desesperado, una conversación secreta entre los vivos y los que ya no están.

Con ocho nominaciones a los Premios Oscar, Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor actriz principal, Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonora, Mejor Diseño de Producción, Mejor Dirección de casting y Mejor Vestuario. Llega a las salas del cine siendo uno de los estrenos más esperados.

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