Francis Lawrence, director de “Los juegos del hambre”, “Constantine”, “Red Sparrow” entre otros títulos, da vida a la adaptación de la novela de Stephen King “Camina o muere”. A primera vista, se aprecia una adaptación exitosa. Al igual que en la novela, donde el lector se hace cómplice del relato y avanza junto con la historia y los personajes, el filme mantiene ese mismo ritmo de “lectura”, mostrando poco a poco cada detalle sin dejar de avanzar. No busca impactar de manera fácil en cada desenlace, sino ofrecer lo justo y necesario.
La película logra ponernos en el lugar de los personajes, haciéndonos sentir dentro del juego: la agonía, la desesperación, la desesperanza, pero también la amistad y la fraternidad entre un grupo de jóvenes. Es, además, una invitación a reflexionar sobre el ciclo de la vida a través de la metáfora de un modelo político lamentable, comparable con algunos actuales.
Las actuaciones son muy buenas de inicio a fin; cada personaje transmite en cada paso su deterioro mental. Cabe destacar que el desarrollo de los personajes envuelve al espectador: podemos mirar atrás y ver cómo comenzaron y cómo terminaron, observando su evolución. En ese proceso, se plantean no solo la razón de su situación, sino también dilemas éticos y morales, así como reglas no escritas de la amistad. En medio del peor escenario, surge una esperanza de valor y humanidad, dejando en manos de los personajes la decisión final.

