- Título original: Gou zhen
- Título internacional: Black Dog
- Año: 2024
- País: China
- Duración: 110 min
- Género: Drama
- Director: Guan Hu
- Guion: Rui Ge, Guan Hu
- Fotografía: Gao Weizhe
- Productoras: The Seventh Art Pictures, Huayi Brothers, Momo Pictures
- Distribución en México: Daimon Cine
En las instalaciones de mi lugar favorito, Cineteca Nuevo León, fuimos a la premier de Black Dog, Guan Hu construye un retrato conmovedor sobre la soledad, la redención y la posibilidad de encontrar compañía en los lugares más inesperados. La película, galardonada en Cannes con el premio Una Cierta Mirada y la Palm Dog, nos lleva al desierto de Gobi para seguir a Lang (Eddie Peng), un exconvicto que regresa a su pueblo natal después de pasar diez años en prisión por homicidio culposo.
Alguna vez estrella local —acróbata de motocicletas, cantante, actor—, Lang vuelve a un paisaje devastado: su casa paterna está en ruinas, su hermana se ha marchado a la ciudad y su padre, atrapado en el alcohol, sobrevive como cuidador en un zoológico. La película nunca muestra el esplendor de ese pasado; solo nos entrega las huellas de lo que fue, para acentuar el contraste con la desolación presente.
La fotografía de Gao Weizhe enmarca magistralmente esa ausencia: casas abandonadas, calles erosionadas, un territorio donde el tiempo parece haberse detenido. En este universo habitan personajes solitarios, marcados por la pérdida y la hostilidad: el padre derrotado, el tío de la víctima apodado “el carnicero” —un criador de serpientes con tintes de gánster local—, y un pueblo que sobrevive a duras penas bajo las políticas de limpieza urbana de cara a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

Es en ese contexto donde surge la misión de “erradicar” a los perros callejeros, convertidos en una molestia pública tras haber sido abandonados por familias que emigraron. Entre ellos destaca un perro negro señalado como peligroso, al que Lang debe enfrentarse como parte de la patrulla canina. El encuentro, marcado primero por la violencia —el animal lo muerde, lo condena a cuarentena—, se transforma en el germen de una relación inesperada: hombre y perro, ambos heridos, se convierten en compañeros de un proceso silencioso de sanación.
La cinta encuentra su fuerza en los silencios, en las miradas contenidas, en la agresividad que funciona como coraza frente a un mundo hostil. El vínculo entre Lang y el perro negro no necesita palabras; se trata de un amor esencial, de ese reconocimiento entre dos seres solitarios que, al cuidarse mutuamente, logran también cuidarse a sí mismos.
Black Dog está dedicada a todas aquellas personas que deben ponerse en marcha varias veces en la vida, a quienes conocen la fragilidad de volver a empezar y la fuerza del amor que no se explica, pero que se siente. Una película de imágenes potentes y emociones contenidas, que confirma a Guan Hu como un director capaz de encontrar poesía en la crudeza del desierto y ternura en medio de la violencia.
Un filme imprescindible para quienes creen que la amistad —incluso entre especies— puede ser un acto de resistencia frente a la soledad.
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