Hay algo profundamente incómodo en llegar a un lugar desconocido y sentir, casi de inmediato, que algo no está bien. The Passenger aprovecha esa ansiedad cotidiana —la de las carreteras largas, moteles perdidos y silencios raros entre extraños— para construir un thriller que se mueve con bastante estilo. André Øvredal mantiene el ritmo tenso casi toda la película, combinando escenas visualmente muy cuidadas con momentos de suspenso que sí funcionan. La fotografía nocturna, las luces frías, los encuadres cerrados dentro del auto y cierta sensación de aislamiento hacen que todo se sienta incómodamente cercano. El fan service está muy bien hecho.

También sorprende cómo la película entiende que el miedo no siempre necesita explicación. Joseph Lopez construye un antagonista inquietante precisamente porque nunca termina de sentirse del todo real, como esas figuras extrañas que uno cree ver en una gasolinera a las tres de la mañana después de demasiadas horas manejando. El soundtrack acompaña muy bien esa tensión constante sin saturar, y el elenco sostiene la energía incluso en los momentos más absurdos de la trama.
The Passenger no intenta reinventar el horror, es de esas películas que se disfrutan muchísimo en sala y que probablemente harán que revises el espejo retrovisor un par de veces camino a casa.
Me cuentan que les pareció!

