En tiempos donde la comedia suele refugiarse en la grosería fácil o el chiste inmediato, Rusia me da risa, dirigida por Hernán Galindo en Casa Musa, demuestra que el humor inteligente, ácido y profundamente humano nunca pasa de moda.

La puesta reúne tres pequeñas joyas cómicas de Antón Chéjov montadas sin adaptación contemporánea, permitiéndonos disfrutar intacto el humor escrito desde 1890. Y lo sorprendente es descubrir que seguimos riéndonos de las mismas miserias humanas: el orgullo, el ridículo, los celos, la soledad y las absurdas batallas del amor.

La función arranca con Los perjuicios del tabaco, célebre monólogo donde Iván Ivanovich Niujin, obligado por su esposa a impartir una conferencia sobre los daños del tabaco, termina confesando involuntariamente las frustraciones de su matrimonio. Santiago Luna sostiene la escena desde la ironía y la desesperación contenida, provocando carcajadas a partir de un hombre aplastado por una relación dominante y violenta. El absurdo alcanza uno de sus mejores momentos cuando menciona que una mosca encerrada en una tabaquera podría morir “de un colapso nervioso”, reflejando la brillante crítica social de Chéjov hacia la pedantería y la hipocresía de su época.

La música en vivo del acordeón interpretado por José Valadez aporta una atmósfera entrañable y melancólica, mientras que la coreografía de Sergio Esquivel acompaña con ligereza el ritmo de la trilogía.

La segunda pieza, Petición de mano, desata el caos cómico cuando un hombre intenta pedir la mano de la hija de su vecino y todo termina convertido en una batalla absurda de orgullo y discusiones ridículas. Aquí destaca especialmente la energía de Gustavo Sauceda, quien como el futuro suegro conduce la escena hacia una risa verdaderamente hilarante gracias a su enorme vitalidad escénica.

Finalmente, El oso cierra la trilogía con una deliciosa mezcla de tensión, romance y humor. Ludivina Velarde interpreta a una viuda que ha decidido convertir su casa en un mausoleo emocional tras la muerte de su esposo. Todo cambia cuando aparece un acreedor furioso, interpretado con enorme fuerza por Carlos Montes de Oca, reclamando una deuda pendiente. Lo que inicia como una confrontación feroz termina desembocando inesperadamente en la ternura y el deseo amoroso.

El elenco, conformado también por Malva Roldán y Gabriela Lorj, logra sostener con precisión el ritmo de una comedia basada completamente en el carácter y la situación.

Rusia me da risa recuerda algo fundamental: seguimos necesitando reír. Pero sobre todo, seguimos necesitando reírnos con inteligencia.

Última función: 28 de mayo, 8:30 PM en Casa Musa.

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