En el marco de su décimo aniversario, Casa Musa rescata obras que marcaron su historia. Una de las más poderosas es Malas raíces, escrita y dirigida por Hernán Galindo, con las actuaciones magistrales de Guadalupe Treviño y Claudia Zapata. Lo que podría verse como una simple transacción de bienes raíces se convierte en un duelo psicológico de alto voltaje.

Una atmósfera que asfixia

Desde el primer instante, el escenario —un despacho casi vacío con apenas un sillón cubierto— impone la sensación de un espacio claustrofóbico. La escenografía minimalista concentra toda la fuerza dramática en el lenguaje corporal de las actrices y en la densidad de los silencios. No hay distracciones: el aire mismo parece pesar.

El pulso de la venganza

Abril (Claudia Zapata) llega con el guion de agente inmobiliaria, lista para cerrar la venta de una vasta mansión a la enigmática señora Capri (Guadalupe Treviño). Lo que comienza como un trámite frío se transforma en un almuerzo casi de amigas. Galindo dosifica magistralmente la revelación de secretos, haciendo que la venganza se sienta inevitable desde el primer juego de miradas.

Actuaciones inolvidables

Zapata y Treviño sostienen un cara a cara formidable. Abril, la joven ambiciosa y nerviosa, va desnudando su historia personal con cada anécdota sobre la casa y su futuro en Londres después de efectuada la venta. Treviño, en el papel de la compradora-madrina, encarna a la perfección esa elegancia helada que oculta intenciones afiladas. Su frase “La verdad no siempre da las mejores historias…” rompe cualquier atisbo de confianza y deja al público al filo de la butaca.

Dirección que respira

Hernán Galindo demuestra su mano firme al marcar ritmos: larga tensión sostenida, rápidos descargas emocionales y un final que estalla justo cuando creíamos entender la trama. El lenguaje visual —esas sombras móviles, el sillón que se convierte en confesionario— funciona como un personaje más.

Un final de cuchillo

El desenlace no es gratuito: sólo en el último segundo se desvela quién es verdaderamente la señora Capri y por qué toda esa construcción de memoria y mentira existía. La revelación es un golpe certero que convierte la venganza en un espejo de nuestra propia crueldad.

Conclusión
Malas raíces no es un simple regreso a los clásicos de Casa Musa: es una lección de cómo el teatro puede hacer palpitar el miedo, la codicia y la venganza en un espacio desnudo. Aún hay boletos para las funciones del 12 y 19 de mayo, corre a reservar tu lugar. Verás que, a veces, los fantasmas más poderosos crecen en el corazón de la propia casa

Funciones adicionales:

  • 12 y 19 de mayo (¡últimos boletos a la venta!)
    Casa Musa, Tulancingo 1110, Col. Mitras Centro, Monterrey

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