Ante la llegada del nuevo filme de horror: Weapons (Zach Cregger. 2025), es oportuno evocar a uno de los filmes mexicanos convencionales sobre la visita inoportuna en un marco de horror y brujería.
Si bien, no es una copia, ni siquiera se le acerca, si nos recuerda aquel ambiente desolador filmado por Arturo Ripstein, en su única cinta de horror: La tia Alejandra (1980). Película escrita por Delfina Careaga y Sabina Berman.

Haciendo hincapié en la aclaración, Weapons y la tía Alejandra no son la misma obra, honestamente solo su personaje antagonista y sus rutinas, podrían ser muy similares. Una mujer mayor que va a vivir por una «temporada» con sus familiares a la ciudad, una figura a simple vista inofensiva, pero que esconde algo perverso detrás de sus interacciones.
La mujer traza un plan malévolo con intenciones únicamente entendidas por su misma convicción, el uso de brujería y de hechizos la hacen ser una antagonista sumamente poderosa y casi intocable. Las mismas narraciones van formalizando la idea de su poder y su ventaja.
En el filme de Ripstein, una mujer anciana, interpretada fabulosamente por Isabela Corona, quien repite un papel de bruja, recordando aquel filme de Chano Ureta: El espejo de la bruja (1962), esconde quién es y lo que puede ser a su antojo.

Ripstein demostró que no ocupaba los grandes efectos para contar una historia escalofriante (la escena de la ducha es grandiosa), sino a base de narrativa y de tantas historias que regionalmente nos han contado sobre las brujas, se logró una historia maravillosa, cubierta de folklore y un terror muy nuestro.
El contrapunto de Diana Bracho y Manuel Ojeda es espectacular, como el matrimonio que acepta la presencia de la tia, ya que la situación económica era difícil y ella gustosamente aportaría algo. La vinculación con los hijos y su utilización por parte de la hechicera, hacen del filme uno de los mejores de esa temática.

La tía Alejandra es un magnífico guiño que nos da la memoria fílmica mexicana con el reciente estreno en las salas de cine: «Weapons». No es lo mismo, pero a la vez es un involuntario homenaje a la película de Arturo Ripstein que inmortalizó aún mas a la sensacional Isabela Corona.

