En la Gran Sala, casi llena con cientos de familias, disfrutamos de Otto de La Bomba Teatro, una joya escénica que nos recordó el poder de la risa y la imaginación. Un payaso que pierde su nariz justo antes de salir a escena emprende un viaje lleno de miedos y descubrimientos, acompañado por la complicidad del público infantil, que gritaba y guiaba a Otto: “¡a la derecha, a la izquierda!”. Con música en vivo, técnicas circenses, teatro de sombras, zanqueros, saltimbanquis y una escenografía que evocaba la pista de un circo, Otto nos regaló un domingo inolvidable.

Más tarde, en el Centro de las Artes, Orinoco de Emilio Carballido nos puso en la proa de un barco formado por cuerdas, donde Mina y Fifí —dos vedettes a la deriva— mezclaron humor y desamparo con canciones y confesiones. La función fue tan intensa como el aguacero que caía afuera: la lluvia torrencial no detuvo a los asistentes. Y luego ocurrió lo inesperado: se fue la luz. Los músicos siguieron tocando, el público iluminó la escena con las lámparas de sus celulares, y las actrices no se detuvieron ni un segundo. Fue un momento mágico de unión colectiva, donde todos nos volvimos parte del teatro.

Pero la noche también tuvo un giro inquietante: entre el público estalló una pelea. Nunca supimos por qué.

*Si alguien de los que asistió lo sabe, ¿nos cuenta qué pasó?

Estas funciones forman parte de la programación del Festival de Teatro Nuevo León 2025, gracias a la organización de CONARTE y la Secretaría de Cultura de Nuevo León.
consulta la programación aquí:

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