Pensé que después de cuatro películas ya habíamos reído todo lo que se podía reir con Toy Story, pero la quinta entrega llega a demostrar que todavía quedaba mucho guardado en la caja de juguetes. Lejos de sentirse como una secuela de compromiso, Toy Story 5 encuentra una forma inteligente de traer a Woody, Buzz y compañía al mundo real de 2026: uno donde las tablets, los algoritmos y las pantallas han cambiado las reglas del juego. Pixar no suaviza el mensaje; lo pone sobre la mesa con una honestidad que pega especialmente fuerte a quienes crecimos con estos personajes. Como ver cerrar una juguetería de toda la vida y entender que algo de nuestra infancia se fue con ella.

Pero la película no vive solo de la nostalgia. Su nueva protagonista aporta una sensibilidad inesperada al explorar temas como la ansiedad social, la inseguridad y la dificultad de conectar en una generación hiperconectada. Es un retrato sutil pero poderoso que seguramente resonará tanto con niños como con padres. Y mientras los más pequeños disfrutan la aventura, los adultos recibimos varios guiños, referencias y algún que otro chiste picoso que recuerdan que Toy Story siempre ha sabido hablarle a varias generaciones al mismo tiempo.

Con nuevos villanos, nuevos aliados, momentos súper divertidos y algunas escenas que probablemente harán llorar hasta al más escéptico, Toy Story 5 consigue algo que parecía imposible: superar el impacto emocional de muchas secuelas que creíamos insuperables. Es divertida, inteligente, emotiva y sorprendentemente vigente. Una carta de amor a la imaginación en tiempos digitales y un recordatorio de que nunca somos demasiado grandes para necesitar un poco de juego, amistad y aventura. Véanla y luego me cuentan si también terminaron con un nudo en la garganta.

Por Dra. Lena Libertad

La Dra. Lena Libertad es médico y neurocientífico con especialidad en Psiquiatría además de amante del cine y de las artes desde temprana edad

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