Por: Michelle González

En el marco del 10º aniversario de Casa Musa, El helado corazón de Desirée, de Hernán Galindo, celebró sus 100 representaciones con una función especial que reafirmó la vigencia y el impacto de esta comedia romántica inusual y conmovedora. La obra, estrenada en 2018, sigue conquistando al público con su mezcla de humor, profundidad emocional y personajes entrañables.

La historia nos presenta a Desirée, una mujer de clase alta que, tras una vida marcada por la pérdida, decide vivir cada día como si fuera el último. Frente a ella está Darío, un hombre con una visión tradicional del amor y la familia, que ve sus planes de vida sacudidos por la filosofía libre y desenfadada de Desirée. Cada vez que el tema de los hijos surge en sus conversaciones, ella evade la discusión cantando, un recurso que puede interpretarse como una negación al sufrimiento o como un refugio en su mundo de fantasía al estilo Broadway, que tanto ama.

La construcción del personaje de Desirée es fascinante: poliamorosa, inteligente, optimista hasta el extremo, pero con una herida profunda que se va revelando poco a poco. Desde su infancia privilegiada pero solitaria hasta las tragedias que la han marcado—la muerte de sus hijos, su esposo, sus amigos más cercanos—su visión del mundo se ha forjado en la pérdida y la resiliencia. Sin embargo, Darío no conoce su historia y no logra comprender su rechazo a la maternidad.

El conflicto se intensifica cuando ella abre la relación y un tercer personaje entra en escena, necesitando un trasplante de riñón que Darío, aún aferrado a su amor por Desirée, decide donar. La vida los pone en caminos distintos, pero la dependencia emocional persiste: Darío es adicto a Desirée, y ella, condenada a una enfermedad terminal, decide marcharse, dejándolo con el corazón roto. La obra no solo explora el amor romántico, sino la efímera naturaleza de la vida y la necesidad de vivir sin arrepentimientos.

El montaje es dinámico, con diálogos ágiles y momentos de comedia que equilibran la carga dramática. El contraste entre Desirée, con su amor por los musicales, y Darío, quien los detesta, añade un toque de humor que humaniza aún más a los personajes. La química entre los actores, sumada a la solidez del guion, ha sido clave para que la obra alcance las 100 representaciones.

La función especial contó con la develación de placa a cargo del Padre Juan José Martínez y la astróloga Mizada Mohamed, en un emotivo reconocimiento al trabajo del maestro Hernán Galindo. El helado corazón de Desirée es un testimonio de la vitalidad del teatro independiente y del esfuerzo por mantener espacios como Casa Musa cada vez más vivos. Larga vida al teatro y felicidades por sus primeros diez años.

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