El cine mexicano comenzó a delirar sus cadenas en su famosa etapa de la transición (entre finales de los sesentas y setentas), una época de censura, permisos y doble moral fatalista. Sin embargo, uno de los directores que logró forjar su carrera durante ese tiempo fue Servando González.

González quien ya había sido ovacionado desde su opera prima: Yanco (1960) y glorificado con su éxito mas sobre saliente: Viento negro (1964). Estrenó en 1968, uno de los filmes de terror mexicanos mas reconocidos: El escapulario.

Eran tiempos difíciles, sobretodo si tenemos en cuenta que el director fue contratado por Luis Echeverria para documentar los juegos Olímpicos y un «evento sin importancia» en la plaza de las tres culturas en Tlatelolco. Hecho que fue revelado años después.

Así llegó esta gran cinta: el escapulario, que era prácticamente el lamento de la provincia mexicana en alaridos de nostalgia, platica de los abuelos, leyendas mismas que rozaban y herían la piel en cada historia relatada al fuego.

Con un guion de Jorge Durán Chávez y Rafael García Travesi, ambientado en la revolución mexicana. Una mujer moribunda manda solicitar al sacerdote en sus últimos minutos de vida, el párroco acude con la intención de brindarle al extremaunción, pero ella comienza a relatarle la historia de su familia, sus hijos, tragedias, guerra y la existencia de un misterioso escapulario.

Dicho escapulario protege fielmente de la muerte a las personas que lo llevan, inclusive si la probabilidad de seguir viviendo fuera muy poca. La voz narrativa relata como salvó a sus hijos en diferentes historias y como regresaba a ella.

El filme cuenta con una excelente fotografía y ese pedazo de historia que va de boca en boca, con escenas impactantes como el lamento de colgados y la noche misma en escenarios obscuros y de violencia. El escapulario volverá a las manos correspondientes, como todo sello de leyenda mexicana, de inevitable destino.

Debut actoral de uno de los grandes antagonistas del cine mexicano: Carlos Cardan, acompañado de Enrique Lizalde, Enrique Aguilar y la destacada actuación de Ofelia Guilmáin, como la abnegada madre, voz indicativa del filme.

El escapulario es sin duda una de las grandes cintas de horror mexicano, disfrutable, evocable, obscura y con una reinterpretación de las leyendas de aparecidos, reliquias y lamentos. Con la muerte misma atentando a la vida por medio de sus interpretaciones.

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