A24 vuelve a demostrar por qué domina el horror contemporáneo con Backrooms, una película que no solo perturba: desorienta. Kane Parsons entiende algo que pocas producciones recientes logran capturar con tanta precisión: el verdadero miedo moderno no siempre tiene forma humana, sino arquitectura emocional. Pasillos infinitos, luces fluorescentes, habitaciones vacías y un silencio incómodo construyen una experiencia que juega directamente con la ansiedad del espectador y nuestra soledad como epidemia contemporánea. Hay momentos donde la película se siente menos como una narrativa lineal y más como entrar a un sueño febril del que no puedes despertar.

Visualmente es impecable. La iluminación amarilla enfermiza, los espacios liminales y la sensación constante de vacío convierten cada escena en algo hipnótico y profundamente incómodo. Parsons logra que lugares aparentemente simples se vuelvan amenazantes, como si el espacio mismo estuviera vivo observándote.

A24 entiende muy bien esta estética de terror elegante y psicológico; no busca saturar de sustos fáciles, sino crear atmósferas que permanecen contigo horas después de salir del cine. Es horror sensorial, casi existencial. Lo más interesante es cómo la película juega con la percepción y con la incapacidad de reconocer incluso tu propia mente.

Backrooms habla del aislamiento, de la ansiedad y de la fragmentación emocional con una sensibilidad sorprendentemente actual. Las escenas relacionadas con la terapeuta añaden una dimensión mucho más profunda de lo que aparenta el marketing del filme. Hay una reflexión silenciosa sobre trauma, memoria y victimización que eleva la película más allá del simple “internet horror”. Se siente como una generación entera traduciendo sus miedos a imágenes.

También hay algo fascinante en cómo Parsons convierte una mitología nacida en internet en cine de autor sin perder su esencia. La película mantiene ese aire extraño de creepypasta digital, pero con una ejecución visual muchísimo más sofisticada. El diseño sonoro, los silencios incómodos y la música electrónica minimalista terminan de construir una sensación de paranoia constante. Todo parece diseñado para mantenerte ligeramente fuera de equilibrio. Y funciona.

A24 sigue creando los nuevos clásicos de esta generación, películas que entienden perfectamente los miedos culturales actuales: la soledad, la hiperestimulación, la ansiedad y la desconexión emocional. Backrooms no es solo una película de terror; es una experiencia psicológica inmersiva que convierte el vacío en amenaza y la mente en el escenario más aterrador de todos. Kane Parsons confirma que no es una curiosidad viral: es un director al que definitivamente habrá que seguirle la pista.

Por Dra. Lena Libertad

La Dra. Lena Libertad es médico y neurocientífico con especialidad en Psiquiatría además de amante del cine y de las artes desde temprana edad

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