Monterrey, Nuevo León. Ayer me encontré con Aristeo Jiménez, un fotógrafo de gran renombre cuyo espíritu bohemio lo convierte en un personaje que parece sacado de otra época. Me citó en La Bolita, ese rincón escondido en la esquina de Modesto Arreola y Matamoros, donde el bullicio de la música y la cerveza conviven con la melancolía de los parroquianos que, una y otra vez, alimentan con monedas la rockola digital. En ese instante, sonaban canciones de Cristian Castro, y luego Contigo a la distancia en la voz de Christina Aguilera.
Aristeo me recibió con una amplia sonrisa, esa que delata a quienes han aprendido a encontrar la belleza en los rincones menos obvios. En la pantalla del televisor, las noticias anunciaban la última tragedia, pero él apenas les prestó atención. Prefirió hablarme de un sueño que ha estado construyendo en su mente: abrir un café con la temática de los años 50. Con entusiasmo me describió la preciosa cafetera que ya posee y cómo imagina el mobiliario.
Recordó entonces su antigua fonda, La Luz, y con una falsa modestia que no engaña a nadie, confesó: «No soy tan bueno, pero me gusta cocinar». Lo cierto es que estudió gastronomía, y en ese «yo» que lo compone, habitan muchos otros. Aristeo es un hombre de pasiones: por la luz de su cámara, por el fuego que transforma un simple trozo de carne en un manjar, por la masa que, rellena de chile colorado y frijoles, se convierte en un bocado con sabor a gloria.
Después, nos trasladamos a La Casa del Panqué, en el Barrio Antiguo. El lugar estaba por cerrar, así que apenas nos dio tiempo de pedir un té. Allí, entre sorbos y reflexiones, me habló sobre El Futuro No Está Escrito, la exposición en la que sus imágenes fueron las piezas centrales, cuidadosamente seleccionadas por la curaduría del Museo MARCO.

«Esta exposición rescata lo que existe en Monterrey, lo que alguna gente no quiere ver. Ahí estoy participando con más de 80 piezas. Originalmente iba a ser una exposición individual y luego fueron metiendo más. El trabajo que hago ahí es un cachito de todo lo que he hecho en esta ciudad desde que llegué, cuando tenía diez años, en los setenta. A los quince me regalaron una cámara y luego fui cácaro en el Topo Chico. Tengo el lujo de decir que tengo una formación de la imagen desde muy jovencito», me contó.
Habló con cierto dejo de nostalgia sobre su gran anhelo no cumplido:
«Mi amargura en esta vida es no haber hecho cine, porque es muy caro».

Le pregunté entonces cómo llegan a él las imágenes, y su respuesta fue clara y contundente:
«Mira, la imagen tiene que ver con el mundo que vives, lo que has visto y con tu formación cultural. Con lo que has visto en el cine, lo que has leído de teatro, de literatura… de ahí viene la imagen. Para ser fotógrafo tienes que tener una cultura visual muy chingona: haber leído literatura, teatro, cine, poesía, pintura. Son referentes muy importantes para que accedas a tener tu propio lenguaje visual. Y aunque hoy todos se creen fotógrafos porque traen su camarita en el celular, no se engañen, amigos. La fotografía es muy complicada”.
Aristeo cerró la conversación recordando sus primeros referentes visuales:
«Tengo el recuerdo de una cuna que mi mamá hizo con una cobija para uno de mis hermanos. Los marranos afuera de la casa. El rastrojo contra la pared. Esas miles de imágenes que he visto. De ahí parte todo: las imágenes vivenciales y las imágenes de otros fotógrafos que han sido mis maestros. La crueldad también ha sido una maestra».
Recordó entonces el oficio de carnicero de su padre y cómo él nunca se atrevió a quitarle la vida a un animal.
«La vida es cruel», dijo, «pero tiene una gran belleza».
Este año viajará a Berlín, a París, y tendrá presencia en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En Aristeo conviven el espíritu bohemio, la mirada curiosa de un niño que no deja de sorprenderse y el maestro que con un solo disparo es capaz de capturar la belleza.
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Sobre Aristeo Jiménez:
Aristeo Jiménez (1960)
Aristeo Jiménez nace en Ahualulco, San Luis Potosí en 1960. Realiza estudios en Artes Visuales de la UANL y diseño de indumentaria en Arte, AC. Como Fotoreportero ha trabajado para los diarios el Porvenir y Norte de Monterrey. Su obra ha participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales en Monterrey, Cd. De México, San Antonio,Tx. Los Angeles, San Francisco, New York, Madrid, Paris y Roma. Fue becario del FONCA, generación 1991-92. Ha colaborado con sus fotografías en las principales publicaciones regiomontanas y del país tales como Cuartoscuro y Luna Córnea, entre otras.

