El cine de acción mexicano vuelve a la cartelera con Venganza, dirigida por Rodrigo Váldes y protagonizada por Omar Chaparro, Alejandro Speitzer y Paola Núñez. Estrenada el 26 de febrero, la película apuesta por una narrativa de justicia personal que bebe directamente del cine de acción estadounidense, pero intenta vestirse con una identidad nacional que, por momentos, se desdibuja.

La historia sigue a Carlos Estrada, un héroe militar que sobrevive a un atentado en el que asesinan a su esposa y lo dejan al borde de la muerte. Su amigo y mano derecha, Miguel Díaz, lo esconde en un pueblo remoto para protegerlo. Allí permanece meses en el anonimato… hasta que la fortuna —literalmente— lo toca: gana la lotería. Con recursos ilimitados y una herida abierta que no cicatriza, Carlos emprende una cruzada para cobrar una venganza implacable.

Acción eficaz, emoción prefabricada

Las escenas de acción están bien logradas. Hay enfrentamientos bien coreografiados y una fotografía que entiende el ritmo del género. Técnicamente, la película cumple. Se nota la intención de competir en un terreno dominado por fórmulas hollywoodenses: héroe herido, trauma irreversible, justicia por mano propia.

Sin embargo, el problema no está en la ejecución, sino en la identidad.

Venganza es un ejemplo claro de cómo el cine mexicano, en su afán por internacionalizarse, puede sufrir una fractura narrativa. La película oscila entre el melodrama de telenovela y el espectáculo del cine de acción estadounidense. Esa tensión no siempre encuentra equilibrio, y en lugar de crear una fusión interesante, termina por sentirse como una imitación estilizada.

El reparto: luces y sombras

Alejandro Speitzer sostiene buena parte del peso dramático con una intensidad contenida que funciona mejor en los silencios que en los discursos. Paola Núñez aporta presencia y firmeza, aunque su personaje podría haber tenido mayor desarrollo.

¿Entretenida? Sí. ¿Memorable? No necesariamente.

Venganza cumple como entretenimiento: mantiene la tensión, ofrece adrenalina y no pierde ritmo. Pero deja una pregunta flotando: ¿qué sucede cuando el cine mexicano adopta fórmulas extranjeras sin apropiárselas desde su propia mirada cultural?

La película funciona, pero no arriesga. Dispara, pero no hiere. Impacta, pero no transforma.

En una cartelera que busca constantemente competir en términos de espectáculo, Venganza demuestra que México puede hacer acción técnicamente competente. Lo que aún queda pendiente es encontrar una voz que no necesite disfrazarse para sentirse poderosa.

La fortuna financia la rabia, pero no garantiza una buena historia. Y tú, si mañana te ganaras la lotería… ¿invertirías en paz o en venganza?

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