Imágenes Barbara Arriaga
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San Nicolás de los Garza.- Anoche, 25 de septiembre, el Teatro de la Ciudad de San Nicolás se llenó para recibir el estreno de Once On This Island, un musical que llega a Nuevo León con una propuesta que va más allá de montar una historia de amor, magia y dioses: propone otra manera de experimentar el teatro.
Producida por Monterrey Performing Arts Academy, en colaboración con Nuevo Teatro, la puesta en escena incorpora por primera vez en México, dentro de una producción de estas características, Lengua de Señas Mexicana, intérpretes sordos y oyentes, subtítulos y tecnología sensorial, construyendo un espectáculo en el que la comunidad sorda no aparece como un elemento añadido, sino como parte esencial del lenguaje escénico.

Una historia donde el amor desafía a los dioses
La historia nos lleva a una isla caribeña marcada por las diferencias sociales. Una niña sobrevive milagrosamente a un naufragio y es encontrada por una pareja de campesinos que la adopta y la cría como hija.
Esa niña crecerá para convertirse en Ti Moune, una joven capaz de desafiar incluso a los dioses cuando se enamora.
Después de que Daniel, un joven perteneciente a una clase social privilegiada, sufre un accidente automovilístico, Ti Moune lo encuentra y decide salvarlo. Lo cuida, se enamora de él y hace un pacto con los dioses convencida de que el amor puede vencer cualquier obstáculo.
Pero, como suele ocurrir cuando los mortales hacen pactos con las divinidades, las cosas no terminan exactamente como se esperaba.
La historia se convierte entonces en una reflexión sobre el amor, las diferencias de clase, el sacrificio y la capacidad de entregarse completamente por otra persona.
Cuando la inclusión deja de ser un recurso y se convierte en lenguaje

Uno de los mayores aciertos de Once On This Island está precisamente en cómo aborda la participación de personas sordas.
Gracias al trabajo conjunto con APSIS (Atención Psicológica Integral para Sordos), los ensayos pudieron desarrollarse con herramientas accesibles para los integrantes del elenco. Pero la propuesta va todavía más lejos.
Los intérpretes sordos participan en las coreografías y en la narración de la historia, mientras que la tecnología de los chalecos sensoriales Woojer permite experimentar las vibraciones de la música a través del cuerpo.
Y aquí ocurre algo interesante: la sordera deja de presentarse como una limitación que debe ser compensada y se transforma en otra manera de percibir y expresar el espectáculo.
Ti Moune puede no escuchar la música de la misma manera que otros personajes, pero entiende perfectamente el lenguaje del cuerpo, del movimiento, de los dioses y, sobre todo, del amor. Y eso termina siendo una de las ideas más hermosas que deja la puesta.
Un escenario que también cuenta la historia
Visualmente, Once On This Island es una producción ambiciosa.
La escenografía utiliza un gran arenero, una tarima giratoria, elementos visuales de gran calidad, subtítulos y Lengua de Señas Mexicana que se integran a la narrativa.
La atmósfera caribeña, el color, la danza y la música construyen una isla que parece estar en constante movimiento.
Hay algo casi ritual en la puesta: los personajes, los dioses, la arena, el cuerpo y la música parecen formar parte de un mismo universo.
Y quizá por eso la incorporación de la comunidad sorda no se siente como una interrupción de la historia. Al contrario: después de verla, resulta difícil imaginar que esta historia pudiera contarse de otra manera.
Una historia que sí logró conmovernos
Confieso algo: la historia me convenció, pero fue la pasión de quienes están sobre el escenario la que me dejó con la piel chinita.
Porque una producción puede tener una gran escenografía, tecnología, vestuario y recursos visuales, pero finalmente el teatro sucede cuando alguien se para frente al público y decide entregarlo todo.
El elenco consigue transmitir la intensidad de una historia que habla de amor, pero también de desigualdad, pertenencia, sacrificio y de la necesidad humana de creer que aquello que amamos puede ser más fuerte que cualquier barrera.
El teatro lució lleno y, al terminar la función, una larga ovación confirmó que la historia había encontrado un lugar en quienes estaban sentados frente al escenario.
El teatro también puede aprender a escuchar
Quizá ese sea uno de los mayores méritos de Once On This Island.
No se trata únicamente de hacer un musical accesible para personas sordas. Se trata de preguntarnos qué sucede cuando dejamos de pensar la accesibilidad como una adaptación y comenzamos a entenderla como parte de la creación artística.
Aquí, la Lengua de Señas Mexicana, la danza, la actuación, la música, los subtítulos, la tecnología sensorial y los recursos visuales no compiten entre sí, dialigan. Y cuando todos esos lenguajes encuentran un punto en común, sucede algo poderoso: el teatro deja de depender de una sola manera de percibir. Por eso salimos del Teatro de la Ciudad de San Nicolás con la sensación de que esta no era solamente una versión accesible de Once On This Island. Era la manera en que esta historia tenía que ser contada.
Una historia de amor que atraviesa clases sociales, que desafía a los dioses y que termina recordándonos algo muy sencillo: hay historias que no necesitan ser escuchadas para poder sentirse.
Hágase un favor y vaya a verla.
Once On This Island tendrá funciones este 26 y 27 de septiembre en el Teatro de la Ciudad de San Nicolás.
Porque si el teatro tiene el poder de hacernos mirar el mundo desde los ojos de alguien más, esta puesta en escena nos invita además a descubrir que existen muchas maneras de escuchar una historia.
Y algunas se escuchan con el corazón.

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