En tiempos donde la vida se transmite, se filma y se monetiza, No Me Sigas (2025) llega para recordarnos que incluso el miedo puede volverse contenido. La primera producción mexicana de Blumhouse, filmada en secreto en la Ciudad de México y dirigida por Ximena y Eduardo Lecuona, no solo representa un hito industrial —una colaboración inédita entre Hollywood y el talento de Maligno Gorehouse, Edge Films y Cinépolis—, sino también un gesto simbólico: el horror latinoamericano ya no necesita traducirse al inglés para estremecer.
La película parte de una premisa sencilla y devastadora: una joven influencer, Carla (interpretada con notable vulnerabilidad por Karla Coronado), decide fingir rituales paranormales para atraer seguidores. Pero lo que empieza como una actuación digital se convierte en una experiencia tangible del mal. Los hermanos Lecuona utilizan el lenguaje del streaming, los filtros y el found footage con inteligencia: cada plano parece provenir de un directo que se descontrola, cada glitch se siente como una grieta entre lo real y lo infernal.

Lejos del jump scare gratuito, No Me Sigas propone un terror atmosférico, sostenido por la fotografía precisa de Selene Berazueta y un diseño sonoro de Mario Martínez Cobos que hace vibrar el espacio más allá de la pantalla. El guion, escrito por Ximena Lecuona, convierte el ansia de viralidad en una metáfora sobre la pérdida de identidad: ¿hasta qué punto seguimos actuando incluso cuando el peligro es real?
Hay ecos de The Blair Witch Project y Paranormal Activity, pero filtrados por la sensibilidad mexicana: el horror no surge del bosque ni de la casa suburbana, sino del departamento citadino, del algoritmo y de la necesidad de ser visto. Ese gesto local —la ciudad viva, el edificio que respira, los ruidos inexplicables en el set— dota al filme de una textura genuina que lo distancia de la imitación y lo acerca a la experiencia.
La producción, breve y contundente (82 minutos), logra mantener una tensión constante, aunque a veces sacrifica profundidad emocional por ritmo y efectismo. Sin embargo, cuando No Me Sigas alcanza su clímax, la pantalla se convierte en un espejo: todos somos espectadores y cómplices del horror que ayudamos a propagar.
En su mejor lectura, No Me Sigas no es solo una película de terror: es una autopsia del presente. Un espejo oscuro donde cada “live” puede ser una invocación y cada seguidor, un testigo del fin.
Veredicto:
Una pesadilla digital hecha en México que combina el sello Blumhouse con el pulso emocional latinoamericano. No te atrevas a mirar hacia otro lado… y, sobre todo, no la sigas.Lo que hacemos en Lovet no sería posible sin ti. Cada donativo es una semilla que se convierte en arte, en memoria y en futuro.
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