En MARCO, Autorretrato no autorizado propone mirar el arte desde la libertad, el humor y la contradicción
Flavio Garciandía a lo largo de su trayectoria ha creado un leguaje que pare necesitar destruirlo cada cierto tiempo para volver a empezar.
Durante el recorrido para prensa de Autorretrato no autorizado, su primera gran retrospectiva fuera de Cuba, hay algo que comienza a hacerse evidente mientras uno avanza por las salas de MARCO: resulta difícil encerrar a Garciandía dentro de una sola idea.
Su obra cambia, se contradice, juega, se burla, cita la historia del arte y, al mismo tiempo, parece buscar algo mucho más difícil de nombrar.
Lo sublime.

Acompañado por el curador Tobias Ostrander, el artista recorrió una exposición que reúne alrededor de 90 piezas realizadas a lo largo de cinco décadas. Pero más que encontrarnos frente a una línea cronológica, lo que aparece es un territorio de exploración.
LA BELLEZA TAMBIÉN PUEDE SER UNA BROMA
Una de las cosas que más llaman la atención en la exposición es la convivencia de elementos que, en principio, parecerían pertenecer a mundos distintos. Hay referencias a la tradición pictórica, cultura popular, kitsch, símbolos políticos, exageración, ironía y humor. Pero también aparecen paisajes, cisnes, lagos, formas que evocan imaginarios orientales y composiciones que transmiten una sensación casi contemplativa.

En esa contradicción donde la obra adquiere una fuerza particular.
Garciandía puede llevarnos hacia una imagen que parece buscar la belleza absoluta y, de pronto, introducir un elemento que rompe solemnemente con ella. Como si nos dijera:
“Sí, podemos contemplar lo sublime. Pero tampoco nos lo tomemos demasiado en serio.”
UN AUTORRETRATO SIN NECESIDAD DE APARECER
El título de la exposición es una provocación perfecta: Autorretrato no autorizado. Porque Garciandía no necesita representarse físicamente para hablar de sí mismo. Su autorretrato está en las decisiones, en las obsesiones, en aquello que repite y después abandona, en las referencias que toma de otros artistas. En esa necesidad permanente de no quedarse quieto.
Quizá un autorretrato más profundo no sea aquel que muestra un rostro, sino aquel que permite descubrir cómo piensa una persona.
Y en ese sentido, las obras reunidas en MARCO funcionan como fragmentos de un mundo interior.
LA BÚSQUEDA DE LO SUBLIME
Personalmente, hubo algo que me resultó especialmente poderoso durante el recorrido.
Entre la ironía y el juego aparece una búsqueda de belleza que por momentos se siente casi espiritual.
Los cisnes, los lagos, determinadas figuras y referencias orientales generan imágenes que parecen invitar a detenerse ante una belleza que no necesita ser estridente.
Y quizá ahí aparece una de las grandes contradicciones de Garciandía: un artista capaz de utilizar el humor para desmontar la solemnidad y, al mismo tiempo, perseguir imágenes que rozan lo sublime.
EL CUERPO NO DEFINE LOS LÍMITES DEL ARTE
Hay otra dimensión de la presencia de Garciandía que resulta imposible ignorar. El artista actualmente utiliza silla de ruedas y vive con movimientos involuntarios. Sin embargo, reducir su trayectoria a esas circunstancias sería perder precisamente aquello que su obra demuestra.
El arte no tiene discapacidad.
El cuerpo puede tener limitaciones, puede cambiar, puede enfrentarse a circunstancias que no elegimos. Pero la imaginación no necesariamente obedece esas mismas fronteras. Y frente a las obras de Garciandía aparece una idea poderosa: su cuerpo no es la medida de su capacidad creativa. Lo que vemos en las salas es un universo que no parece pedir permiso al cuerpo para existir;
Hay paisajes, gestos, colores, referencias, humor, belleza y preguntas.
EL ARTE COMO UN ACTO DE LIBERTAD
Al salir del recorrido, me quedo con una imagen que resume para mí buena parte de la exposición:
la convivencia entre lo sublime y la risa.
Entre la contemplación y la provocación.
Garciandía no parece pedirnos que entendamos cada obra. Nos pide que nos permitamos mirar sin necesitar una respuesta inmediata.
Autorretrato no autorizado no es solamente una retrospectiva sobre cinco décadas de producción. Es una invitación a conocer el mundo interior de un artista que encontró en la pintura un territorio donde las contradicciones pueden convivir.
Y donde la libertad no consiste en elegir entre lo sublime y el humor.
Consiste en poder tener ambos.
SOBRE FLAVIO GARCIANDÍA
Flavio Garciandía nació en Caibarién, Cuba, en 1954. Es uno de los artistas fundamentales de la escena cubana contemporánea y su trayectoria se ha caracterizado por la exploración de diferentes lenguajes, referencias y posibilidades de la pintura.
Entre 1995 y 2005 vivió y trabajó en Monterrey, México. Su producción ha dialogado con la historia del arte, la cultura popular, la política, el kitsch, la ironía y las posibilidades de la representación pictórica.
Flavio Garciandía: Autorretrato no autorizado, curada por Tobias Ostrander, reúne aproximadamente 90 obras que recorren cinco décadas de su trayectoria y constituye su primera retrospectiva fuera de Cuba.
La exposición inaugura este 25 de septiembre en MARCO.

