Fecha de estreno: 22 de enero de 2026

Dirigida por Alfonso Pineda Ulloa, Familia a la Deriva parte de una premisa noble y reconocible: un padre ausente intenta recuperar el tiempo perdido con sus hijos. Pero como muchas historias que confunden redención con fórmula, termina naufragando en un mar de subrayados emocionales y torpezas narrativas.

Gonzalo Suárez (Mauricio Ochmann) es un vendedor de autos carismático y funcionalmente irresponsable: cuatro hijos, dos exesposas y una capacidad asombrosa para no estar cuando se le necesita. Tras olvidar el cumpleaños número 12 de su hijo Bruno y sufrir un accidente, decide organizar un viaje en yate por el Caribe con la ayuda de Claudio (Memo Villegas), su mecánico y confidente. El plan sale mal —naufragio incluido— y la familia termina en Campeche, donde Gonzalo ve por fin la oportunidad de “ser padre”.

La película inevitablemente recuerda a Click (2006), pero sin su precisión trágica ni su humor genuino. Aquí, la comedia evita el pastelazo, pero también esquiva la risa; y la emotividad insiste tanto en su mensaje que acaba por vaciarlo de fuerza. Más que conmover, muchas escenas provocan una sensación de pena ajena ante un protagonista que nunca logra volverse entrañable ni verdaderamente transformador.

Mauricio Ochmann no consigue llevar a buen puerto este relato: su personaje es un cúmulo de tics emocionales y decisiones obvias que la puesta en escena jamás cuestiona con verdadera profundidad. Memo Villegas, en cambio, aporta carisma, timing y humanidad; es, sin exagerar, el verdadero corazón de la película.

Irán Castillo y Ana González Bello orbitan un guion que las reduce a engranes narrativos. Y entre los aciertos aislados destaca Boris Schoeman, actor dedicado al teatro con una pasión visible, en una participación especial como el capitán del barco Malivú (sí, con “v”). Un pequeño lujo: un agasajo verlo en pantalla grande, incluso dentro de una película que no sabe muy bien qué hacer con sus propios símbolos.

Familia a la Deriva quiere hablar de vínculos, segundas oportunidades y paternidades tardías, pero se queda en la superficie de sus propias intenciones. No es un desastre, pero tampoco una comedia emotiva lograda: es una película que flota gracias a su buena fe, no a su potencia cinematográfica.

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