15 Muestra Internacional de Cine Queer de la Cineteca Nuevo León inauguró su edición número quince con una película que duele como carretera nocturna: En el camino del director David Pablos. Una elección acertada para abrir una muestra que durante años ha apostado por historias incómodas, íntimas y profundamente humanas.

La cinta sigue a Veneno, un joven errante que sobrevive en los paraderos de traileros a través de encuentros fugaces con camioneros. Su vida cambia al conocer a Muñeco, un conductor reservado que decide llevarlo consigo en un recorrido por las carreteras del norte del país. Lo que comienza como compañía ocasional se transforma en un vínculo marcado por el deseo, la dependencia y la necesidad brutal de afecto.

David Pablos vuelve a demostrar por qué es uno de los cineastas mexicanos más sensibles para retratar la soledad masculina. Ya lo había hecho en Las elegidas y El baile de los 41, pero en En el camino lleva esa exploración a un territorio todavía más árido y vulnerable.

Muñeco no es presentado como un hombre idealizado. Es un padre de familia fracturado, atrapado en un ciclo de trabajo extenuante, adicciones y distancia emocional. Su esposa no le permite acercarse a sus hijos hasta que logre mantenerse “limpio”, pero las jornadas interminables al volante parecen exigirle precisamente lo contrario: mantenerse despierto a cualquier costo. La película entiende algo profundamente cruel sobre el universo de los traileros; para sobrevivir deben renunciar incluso al derecho básico del descanso.

En medio de esa vigilia permanente aparece Veneno, un joven perseguido por un pasado oscuro que encuentra en Muñeco un refugio momentáneo. “Yo soy hombre, pero necesito cariño”, le dice en una de las frases más devastadoras de la película. Y ahí está el corazón de la obra: hombres educados para resistir, trabajar y soportar, pero completamente hambrientos de ternura.

Más allá de ser una historia de amor entre hombres, En el camino retrata un ecosistema nómada y peligroso donde el afecto se vuelve clandestino y el deseo aparece como una forma desesperada de supervivencia. Pablos filma los cuerpos masculinos desde la fragilidad y no desde el heroísmo. Hay un lenguaje silencioso entre los personajes que se construye en miradas, respiraciones, erecciones o en la ausencia de ellas. El deseo aquí no se explica; se padece.

La película tampoco busca comodidad. Su intimidad puede resultar dolorosa para muchos espectadores porque enfrenta de manera directa la vulnerabilidad masculina y la necesidad de contacto emocional en hombres acostumbrados a reprimir cualquier gesto afectivo.

En el camino no solo habla del deseo; habla del agotamiento. De hombres privados del sueño, del hogar y de la posibilidad de sentirse seguros. En las carreteras de David Pablos todos parecen desplazarse hacia ninguna parte, intentando sobrevivir una noche más.

La cinta, ganadora del León Queer en el pasado Festival Internacional de Cine de Venecia, llegará a salas mexicanas el próximo 3 de junio gracias a Cinépolis Distribución. Y aunque definitivamente no es una película para todo público, sí es una obra que confirma la capacidad de David Pablos para mirar las grietas humanas con una sensibilidad devastadora.

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