Digger (2026, Estados Unidos, Reino Unido y México, 2h 08min)
Dirección: Alejandro González Iñárritu

Alejandro González Iñárritu regresa con una película completamente distinta a lo que podríamos esperar de Tom Cruise. Aquí no hay un héroe que corre, salta de un avión o intenta salvar el mundo a fuerza de músculos y acrobacias. Bueno, sí intenta salvarlo, pero el problema es que buena parte del desastre que amenaza con destruirlo tiene que ver con él.

Tom Cruise interpreta Curtis Markson un actor de teatro que protagoniza «Tontos Fosiles» en la que da. vida a Digger Rockwell, un multimillonario del petróleo que vive convencido de su propio poder y de su capacidad para solucionar cualquier problema. Cuando una catástrofe ambiental provocada por las operaciones de su compañía comienza a tener consecuencias globales, Digger se enfrenta a algo que no puede comprar ni controlar tan fácilmente: las consecuencias de sus propias decisiones. La sinopsis oficial plantea justamente esa contradicción: el hombre más poderoso del mundo intenta demostrar que es el salvador de la humanidad después de haber puesto en marcha el desastre.

Y aquí comienza la parte divertida, porque Iñárritu no está interesado en hacer una película solemne sobre el cambio climático. Lo suyo se mueve más hacia la sátira negra, la farsa y el absurdo, y por momentos parece que estamos viendo una caricatura exageradísima de los hombres que creen que pueden arreglar el mundo simplemente porque tienen suficiente dinero o poder.

Tom Cruise como nunca lo habíamos visto

Lo primero que sorprende es Tom Cruise, es que estamos acostumbrados a verlo como una figura casi indestructible. Digger es otra cosa. Es desagradable, egocéntrico, extravagante y profundamente consciente de su propia importancia. Cruise se entrega al personaje incluso físicamente, con prótesis y una caracterización que lo aleja bastante del hombre galan que hemos visto durante años corriendo por las calles de medio mundo. Cruise, que durante décadas construyó una de las imágenes de estrella más poderosas de Hollywood, decide ponerse al servicio de un personaje que justamente juega con esa idea del poder y de la celebridad.

Una catástrofe que no parece tan lejana

Digger comienza con una idea bastante sencilla: un hombre poderoso explota los recursos naturales convencido de que tiene el derecho y la capacidad de hacerlo, hasta que las consecuencias empiezan a alcanzar una escala que ya no puede controlar.

El problema es que la película no se conforma con señalar al villano y decirnos que todo está mal. Iñárritu pone en la misma mesa a empresarios, científicos, políticos y personajes que representan distintas maneras de reaccionar ante una crisis que se sale de control. La película toca temas como el poder, la responsabilidad ambiental y la manera en que quienes toman decisiones intentan construir su propia versión de los acontecimientos. No es una discusión particularmente sutil, pero tampoco pretende serlo. Digger quiere incomodar a través de la exageración. Y mientras más absurdo se vuelve todo, más reconocible resulta.

Iñárritu jugando con la ficción

Digger no se queda solamente en la sátira ambiental y política. La película comienza a jugar con la propia idea de la representación, con lo que estamos viendo y con la relación entre realidad y ficción. Es una metaficción apocalíptica, distópica que termina preguntándonos qué estamos mirando realmente.

Iñárritu no solamente está contando una historia sobre un mundo al borde del desastre; también está hablando de cómo nosotros contamos historias sobre el desastre, cómo convertimos una tragedia en espectáculo y cómo incluso cuando estamos frente a una situación verdaderamente terrible necesitamos construir personajes, héroes, villanos y una narrativa que nos permita entenderla. Eso me parece de lo más provocador de la película.

Una comedia negra que se va al extremo

Digger tiene un humor bastante particular. Hay momentos en los que uno se ríe porque lo que está sucediendo es deliberadamente absurdo y otros en los que la risa aparece precisamente porque reconocemos algo demasiado cercano a nuestra realidad.

John Goodman, Riz Ahmed, Sandra Hüller, Jesse Plemons y Michael Stuhlbarg completan un reparto que entra de lleno en este universo exagerado. La película no busca naturalismo. Sus personajes están construidos dentro de un mundo que parece haber llevado nuestras propias contradicciones hasta el extremo, puede sentirse excesiva.

El espectáculo también importa

Hay que hablar de la dimensión visual porque aquí Iñárritu está acompañado por un equipo impresionante. La fotografía es de Emmanuel Lubezki y la película fue rodada completamente en VistaVision, un formato que el propio equipo utilizó para darle una escala particularmente cinematográfica a este proyecto.

Digger quiere ser grande. Quiere que el desastre se sienta enorme, que los espacios tengan una dimensión casi operística y que la película pueda disfrutarse también como espectáculo cinematográfico. Por eso, si tienen la oportunidad de verla en una pantalla grande, háganlo. Aquí el tamaño importa.

Pero no todo funciona

Y aquí es donde creo que vale la pena hablar de la película sin convertir la crítica en una celebración automática porque detrás están Iñárritu, Lubezki y Tom Cruise.

Digger tiene ideas muy interesantes, pero también tiene momentos en los que parece tener demasiadas cosas que decir al mismo tiempo. La sátira ambiental, la crítica al poder, el ego de su protagonista, la política, la metaficción y el espectáculo terminan compitiendo por nuestra atención. Hay espectadores que seguramente encontrarán fascinante ese exceso y otros que sentirán que la película pierde fuerza precisamente por querer abarcar demasiado.

Una tragedia apocalíptica muy contemporánea

Digger es, en el fondo, una tragedia apocalíptica bastante contemporánea.

Una ficción creada dentro de otra ficción que parece preguntarnos no solamente qué está pasando con quienes tienen el poder, sino qué estamos haciendo nosotros como humanidad cuando seguimos construyendo sistemas que después pretendemos controlar.

Lo más perturbador de la película no es imaginar que el mundo pueda terminar. Es pensar que, incluso frente al desastre, podemos seguir preocupados por quién controla el relato y quién consigue convencer a los demás de que todo está bajo control.

¿Qué te removió esta metaficción apocalíptica?

No sé si Digger va a provocar la misma reacción en todos los espectadores. De hecho, probablemente no. Pero sí creo que es de esas películas que generan conversación después de los créditos, y eso ya me parece valioso. Porque cuando sales del cine todavía estás intentando acomodar lo que acabas de ver y empiezas a preguntarte si la película realmente está hablando de un multimillonario, del cambio climático, del poder, de Hollywood o de lo idiotas que somos como especie por destruir el planeta en el que vivimos.

Queridos Lovets, vale la pena verla en IMAX, especialmente porque fue rodada en VistaVision.

Te dejamos esta pregunta: ¿Qué te removió esta metaficción apocalíptica?

En LOVET no cubrimos cultura… la provocamos.

2 comentarios en «Digger: crítica de la película de Iñárritu con Tom Cruise, una sátira apocalíptica que nos pone frente al espejo»

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