Deseo (2026, México, 98min) Dirección: Teresa Simone.

Deseo, dirigida por Teresa Simone y protagonizada por Ludwika Paleta, intenta construir un thriller erótico alrededor de una verdad incómoda: la falta de erotismo dentro del matrimonio. Y aunque la premisa es potente y profundamente humana, la película termina perdiéndose entre demasiados giros y caminos innecesarios.

La cinta abre con una fiesta de aniversario por los 20 años de matrimonio de Lucero y su esposo, interpretado por José María Yazpik. En apariencia, lo tienen todo: estabilidad económica, una casa hermosa, dos hijos adolescentes, negocios exitosos y una vida aparentemente perfecta.

Pero hay una fractura silenciosa.

Lucero intenta seducir a su esposo esa noche y descubrimos algo dolorosamente común: hace tiempo que él dejó de tocarla.

Y ahí es donde Deseo encuentra su mejor versión.

Porque más allá del thriller o las escenas subidas de tono, la película toca algo real que pocas parejas se atreven a verbalizar públicamente: cómo la ausencia de intimidad termina erosionando el vínculo emocional. La falta de sexo no siempre destruye un matrimonio, pero el silencio alrededor de ello sí puede hacerlo.

El filme también introduce otros temas incómodos: el divorcio, la infidelidad, y el uso de los hijos como instrumentos de castigo. El personaje de Leonardo Ortizgris —un hombre enfrentando la pérdida de propiedades y custodia tras una infidelidad— aporta algunos de los momentos más sólidos e interesantes de la película. Surge entonces una pregunta dura: ¿fallar como esposo debería significar perder también el derecho a convivir con tus hijos?

Sin embargo, cuando la historia intenta convertirse en thriller erótico, algo se rompe.

Lucero encuentra refugio en Matías, el joven entrenador interpretado por Óscar Casas, y durante algunos momentos la película parece explorar algo mucho más interesante: el deseo femenino en la mediana edad. La necesidad de sentirse vista, deseada y viva nuevamente.

Porque llegar a cierta edad no elimina la pulsión sexual, ni el deseo de intimidad. Pero el filme nunca termina de profundizar realmente en eso. En cambio, comienza a desviarse hacia culpas, secretos y consecuencias melodramáticas que terminan eclipsando el conflicto emocional original.

Aun así, Ludwika Paleta hace un trabajo sólido cargando prácticamente toda la película. Hay presencia, vulnerabilidad y una figura que la cámara sabe perfectamente cómo mirar. Aunque también existe el riesgo de que la industria empiece a encasillarla únicamente en papeles de “milf sofisticada”.

Por su parte, Óscar Casas cumple como este joven ex atleta marcado por el abuso de sustancias y el fracaso deportivo, aportando química y tensión en pantalla.

No obstante, al final uno sale del cine con una sensación extraña: la película quería hablar sobre deseo
pero terminó siendo una historia sobre todo lo que pasa cuando los secretos mas oscuros son descubiertos.

Deseo llega a salas comerciales con 600 copias y no es una cinta para todos los públicos debido a sus escenas eróticas y desnudos.

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