Imágenes Apodaca Group

David Byrne logra convertir el escenario en un lenguaje propio.

La noche del 10 de septiembre, el músico regresó a Monterrey después de ocho años como parte de su gira Who Is The Sky?, en una presentación que fue mucho más que un recorrido por sus canciones. Música, movimiento, imagen y una buena dosis de teatralidad se encontraron en el escenario del Escenario GNP para construir una experiencia tan peculiar como el propio Byrne.

La entrada del público fue buena, aunque el recinto no alcanzó el lleno total. Sin embargo, conforme avanzó la noche, la energía fue creciendo hasta convertir el espacio en una celebración colectiva.

Una de las grandes sorpresas de la noche estuvo en la manera en que Byrne decidió presentar su espectáculo. En lugar de una producción saturada, el escenario apostó por la limpieza visual y por el movimiento.

Doce músicos y bailarines compartieron el espacio con él, y los cuerpos se convirtieron en una parte fundamental del espectáculo. Los bailarines se desplazaban por el escenario con una precisión en cada coreografía. Dos grandes pantallas acompañaban la acción y ampliaban lo que ocurría sobre el escenario. Las imágenes podían llevar al público de una dimensión casi espacial a escenas mucho más cotidianas, mientras la iluminación y el movimiento construían una atmósfera que por momentos parecía más cercana al teatro contemporáneo o a una pieza de arte escénico que a un concierto convencional. Byrne: no necesita convertir el escenario en un espectáculo gigantesco para hacerlo enorme.

Un setlist entre la nostalgia y el presente

Por supuesto, hubo espacio para los clásicos que buena parte del público estaba esperando.

El setlist recorrió tanto su trayectoria como solista como el repertorio que lo convirtió en una figura imprescindible de Talking Heads. Sonaron “Psycho Killer”, “Burning Down the House”, “This Must Be the Place” y “Once in a Lifetime”, canciones que provocaron algunos de los momentos más celebrados de la noche. Pero Byrne no se presentó como un artista viviendo de sus recuerdos. También hubo espacio para material más reciente y para demostrar que su relación con la música continúa siendo de exploración y curiosidad. El concierto no se sintió como una simple colección de éxitos, sino como una conversación entre distintas etapas de su carrera.

A sus 74 años, David Byrne conserva una energía, una vitalidad y una presencia escénica extraordinarias. Se mueve, canta, baila y permanece completamente involucrado en la acción. No parece estar cumpliendo con una gira; parece seguir disfrutando genuinamente de estar ahí.

Cuando la música se convierte en escena

Byrne no separa la música del cuerpo, ni la canción de la imagen. Sus músicos no son únicamente acompañantes y sus bailarines no funcionan como decoración: todos forman parte de una misma estructura escénica. Por eso, incluso cuando aparecen canciones que el público conoce desde hace décadas, la experiencia no se siente completamente repetida.

También aparecieron referencias a temas políticos, sociales y ambientales, integradas dentro del espectáculo sin convertir el concierto en un discurso. Byrne deja que las ideas convivan con la música y permite que cada espectador haga su propia lectura.

David Byrne volvió a Monterrey para recordarnos que la música también puede ser movimiento, teatro, imagen, pensamiento y juego. Y a los 74 años, todavía tiene mucho que decir… y, sobre todo, muchas ganas de bailarlo.

Veredicto Lovet

Una experiencia escénica antes que un simple concierto. Byrne combina canciones inolvidables, músicos extraordinarios, danza y una propuesta visual que demuestra que la creatividad no tiene fecha de caducidad.

David Byrne no regresó a Monterrey para mirar hacia atrás. Regresó para demostrar que todavía puede hacer que miremos la música de otra manera.

Y la prensa también tiene que luchar por estar ahí

Y aunque el recinto no lucía a su máxima capacidad, el acceso para prensa no fue sencillo. Esta escribana no logró ingresar desde el inicio del concierto y, por ello, se perdió uno de los temas que más esperaba escuchar: “Heaven”.

Pero en el periodismo cultural, la lucha por la información no termina en la puerta. Después de insistir, gestionar y buscar la manera de entrar, se logró el acceso. Tarde, sí. Pero estuvimos ahí. Y desde el Escenario GNP, en un evento de Apodaca Group, Lovet hizo lo que sabe hacer: estar presente, mirar, escuchar y contar lo que sucede en la escena cultural de Monterrey.

Porque también de eso se trata cubrir cultura: de encontrar la manera de estar donde están ocurriendo las cosas.

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