Titulo: 1938, cuando el petróleo fue nuestro
Director: Sergio Olhovic
País: México
Duración: 99 minutos
Uno de los grandes directores de la época de transición del cine mexicano (setentas y parte de los ochentas) es sin duda Sergio Olhovic, realizador mexicano cuya filmografía habla por si sola: Muñeca reina (1972), Coronación (1975), Llovizna (1977), El infierno por todos tan temido (1978), Esperanza (1987), Fray Bartolome de las casas (1990), En un claroscuro de la luna (1999).
Olhovic caracterizado por su narrativa íntima, caminante de la sensibilidad de las historias que crean la ciudad y la historia, nos lleva a un retrato muy emotivo en un año primordial para el país, el famoso año 1938, cuando el entonces presidente mexicano Lazaro Cardenas del Rio, promulgó la expropiación petrolera, tras una serie de conflictos con los dueños de las petroleras extranjeras que desangraban a México.

El filme protagonizado por Ianis Guerrero como un solemne y social presidente Cárdenas, no fue nada fácil, fueron años de investigación y estudio del tema. Tanto Olhovic, como el ya fallecido escritor chihuahuense Carlos Montemayor (1947-2010), comenzaron la idea de realizar la película, desde hacía ya tiempo atrás, alrededor de treinta años, tras el fallecimiento de Montemayor, Olhovic le dio largas al asunto, hasta que este año se cristalizó.
Y no fallan en el relato, la descripción de los tiempos, la nostalgia, el palacio nacional, el gobierno muy cargado al socialismo de Cardenas, las calles del México de antaño, que aunque muerto sigue deslumbrando en el diálogo. Pero sobretodo atinan en el ambiente hostil de una época de guerra, previo al involucramiento total de Estados Unidos en la segunda guerra mundial, el crecimiento del fascismo en Italia, la traición y victoria de Franco en España, el florecimiento del nazismo en Alemania.

Con un hilo conductor de la siempre talentosa Ofelia Medina, como una madura Amalia Solorzano, primera dama mexicana, quien en conjunto con su esposo Lazaro, mantuvieron el optimismo y la idea de lo que México pudiera o realmente pudo ser con el tiempo.
Pero la historia no solo se limita a los Cárdenas, respetando la índole del personaje y su trato con la gente (quizás el presidente más querido de la historia), contacto descrito perfectamente durante toda la película. La consistencia del relato recae en personajes importantes para la historia mexicana, como el general Francisco Mujica (secretario de estado y colaborador de Cardenas por años), Daniel Josephus, en el filme nombrado como embajador Daniels (pieza fundamental para el famoso arreglo con el gobierno de estados unidos), Vicente Lombardo Toledano (una de las figuras del sindicalismo mexicano), el periodista Alberto Miranda( si bien no hace referencia a una persona real, si lo hace como homenaje a la prensa afín de la época) y sin duda el personaje de Rosaura (una mujer inteligente, bilingue, que trabajaba para un industrial del petróleo quién era cómplice de los dueños extranjeros, ella era la fuente del periodista).

La película resurge en la emotividad del tata Lazaro, del esfuerzo de Mujica, pero sobretodo de la evidencia de crítica a una sociedad sofocada por la corrupción y los manejos turbios. El idealismo es fundamental no solamente en el argumento del filme, sino en toda sociedad y fueron años de visión, de sacrificio y de pasar de ser espectador a acción directa, para luego lamentablemente regresar al oficio de espectador.
1938: el año que el petróleo fue nuestro, es una muy buena opción para asistir a las salas de cine y disfrutar de este trabajo de indagación de Olhovic y Montemayor. En tiempos donde la «crítica» generaliza su opinión como las del «pueblo» y de la verdad absoluta en filmes que este misma «critica» considera ofensiva para los que según su subjetividad egocéntrica ataca como insulto a la identidad, una identidad a la cual no forman parte.
1938 es una excelente alternativa para la nostalgia y es disfrutable, es el romanticismo de la época, no solo en política y el tema de la expropiación petrolera, va mas alla, recae en el hábito, en la idea del ciudadano de los treintas, en la revolución recién sepultada.
Porque es grandioso mirar la cotidianidad de la era, el cine como toda una experiencia, el librito informativo del filme que incluía el boleto, «Zandunga», un filme grandioso del cine nacional, estelarizado por la grandiosa Lupe Velez, con un Arturo de Cordova, en su único papel dentro del género de comedia o melodrama ranchero. Las paletas de hielo dentro de las salas, los tacos de la alameda, los conflictos en lugares como Tabasco o Veracruz, el México de ayer, que Chava Flores alguna vez describió con devotismo.
Con la canción de la estupenda Amparo Ochoa como fondo, la película cumple como narración intimista, claro, siempre quedaran las opiniones de la mitificación de ídolos (en este caso Cardenas), el cual es interpretativo y realmente menor, tomando en cuenta nuestros últimos años en política. El guiño a las directoras mexicanas como Matilde Landeta, en una era muy machista retratado en el personaje de Rosaura es sin duda maravilloso.
1938, cuando el petróleo fue nuestro, o quizás se intentó o lo fue, ¿o de quién?, el nacimiento de Pemex, como un recurso natural de y para los mexicanos, aunque luego la historia, la quina y tantos otros nos hayan demostrado la premisa de la frase del filme: quien controla el petróleo, controla el mundo.

